Hoy es 11 de septiembre y desde Ciutadans, como cada año, queremos reivindicar que la auténtica Diada de Cataluña debería celebrarse por Sant Jordi, una fiesta inclusiva que los catalanes celebramos cada 23 de abril dejando a un lado nuestras diferencias ideológicas.
Eso no ocurre el 11 de septiembre, que nunca ha sido una fiesta con vocación de representar a todos los catalanes, pero que sobre todo en la última década se ha ido convirtiendo cada vez más en la fiesta de los nacionalistas catalanes, cada vez más y más sectaria y excluyente. Sólo los catalanes que asumen la lógica de confrontación del nacionalismo se pueden sentir cómodos con una conmemoración basada en mentiras y odio a España, empezando por la manipulación de la Guerra de Sucesión y de la propia figura de Rafael de Casanova, a quien los partidos nacionalistas rendirán hoy falso tributo presentándolo como protomártir de su causa a pesar de las evidencias históricas que demuestran lo ridículo de semejante pretensión.
Tras la Guerra de Sucesión al trono de España, Casanova fue perdonado por el Rey Felipe V y siguió ejerciendo plácidamente su profesión de abogado. Por no hablar del bando que, como máxima autoridad de Barcelona a la sazón, emitió el día 11 de septiembre de 1714 llamando a los barceloneses a derramar su sangre por su Rey, su patria y por la libertad de toda España. De acuerdo con la historia real (y no las patochadas del Institut Nova Història) no parece razonable que el nacionalismo se apropie de la figura d Casanova.
Es por ello por lo que desde Ciutadans abogamos por desechar una fecha tan cargada de mitología nacionalista y trasladar el día de nuestra Comunidad al 23 de abril, para que los catalanes podamos celebrar como se hace en otras comunidades un día para todos los catalanes y no para unos pocos, cada vez menos.
Ayer veíamos al presidente Aragonès volver a insistir en la celebración de un referéndum de secesión, y eso que se suponía que ya lo habían hecho en 2017 y que tenían un «mandato» del pueblo y no sé cuántas cosas más. El discurso de ayer de Aragonès se parece mucho al de Artur Mas en 2012, diez años mareando la perdiz con el referéndum y provocando división y decadencia en Cataluña.
Es importante que los catalanes se interesen y escuchen el discurso de ayer de Aragonès, porque estoy seguro de que oyéndolo más de uno de caerá del guindo y se dará cuenta de la inmensa tomadura de pelo de la que están siendo víctimas los votantes de los partidos separatistas.
En lugar de hablar de lo que hablan los gobiernos normales de todas las regiones del mundo, esto es, de cómo afrontar la crisis derivada de la inflación disparada, de cómo volver a recuperar empleo o, en el caso de Cataluña, de cómo conseguimos que vuelvan las empresas que se han ido por culpa del Procés, ayer sale a Argonès y vuelve a la carga con el referéndum. Es tremendo.
Por otra parte, también me gustaría expresar mi preocupación como catalán constitucionalista después de escuchar ayer al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, que dijo que el PP quiere liderar el catalanismo constitucionalista. Que Dios nos coja confesados a los catalanes constitucionalistas, con un PSC echado al monte del nacionalismo y un PP desnortado y profundamente acomplejado ante la hegemonía del nacionalismo.
Ciutadans nunca hablará, como Feijóo, del «pueblo catalán», una locución que quizá tuvo un sentido conciliador hace 40 años pero que me parece inaceptable tras el golpe de 2017, basado en la supuesta «soberanía» del supuesto «pueblo catalán». El único pueblo con valor político y jurídico que reconoce nuetsro ordenamiento democrático es el pueblo español, y asumir su fragmentación aunque sea retóricamente y con fines estrictamente electorales no me parece ni responsable ni respetuoso con los catalanes constitucionalistas.
Y desde luego de lo que nunca hemos hablado es de abanderar el «catalanismo constitucional» ni el «constitucionalismo catalanista». Quizá en algún momento del siglo XIX existió un catalanismo integrador distinguible del nacionalismo catalán, pero está claro que eso ya no existe, y los catalanes constitucionalistas estamos hasta las narices de que algunos se empeñen en dignificar esas etiquetas anacrónicas que significan lo que significan por lo que han supuesto para la convivencia en España: un desastre.
Feijóo también habló del procés como un «mal negocio para Cataluña». Pues bien, aunque hubiera sido el mejor de los negocios para Cataluña (que ha sido todo lo contrario: una ruina) seguiría estando basado en el supremacismo y la hispanofobia, y por tanto cualquiera que aspire a preservar la unidad de España y la igualdad entre españoles debería evitar referirse al «procés» como negocio para Cataluña, ni bueno ni malo. Otra cosa es hablar de negocio para los políticos separatistas, que eso sí que es plausible.
Por último, no quiero dejar pasar estar oportunidad sin recordar a los catalanes que el domingo que viene los demócratas, los defensores de la libertad y la igualdad, tenemos una cita en Barcelona, a las 12.30 en el Arco de Triunfo, con la manifestación de Escuela de Todos en defensa del bilingüismo en la enseñanza. Allí estaremos como siempre dirigentes y afiliados de Ciudadanos defendiendo la libertad y la igualdad de los españoles.
Carlos Carrizosa Torres. Presidente del grupo de Ciutadans en el Parlamento de Cataluña
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.


















