Cataluña arde en llamas con el punto álgido que se vivió el pasado sábado, donde los violentos subieron el tono y convirtieron las calles de Barcelona en la capital de la violencia.
En días pasados hemos visto un Govern en funciones abriendo debates estériles sobre la actuación de los antidisturbios de los Mossos, que solo han servido para dar aire a los antisistema y llegar al punto sin retorno del pasado sábado.
Ahora un miembro del Govern, el conseller de Interior Miquel Sàmper, ha reconocido que no condenan la violencia de forma contundente por miedo a que las negociaciones del nuevo ejecutivo catalán se vean dañadas. La desvergüenza confirmada.
Sàmper ha llegado a reconocer que «no quiero romper nada» y además ha sentenciado que no quiere criticar a la CUP para que no abandonen las negociaciones para la formación del nuevo Govern. «Más claro agua», ha sentenciado Sàmper.
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