En tiempos en los que escasea la paciencia con los jugadores jóvenes, Omar El Hilali ha logrado imponerse con una mezcla de trabajo silencioso, compromiso y calidad incuestionable. A sus 21 años, se ha convertido en una pieza imprescindible para el RCD Espanyol, no solo por su rendimiento en el campo, sino por lo que representa: el triunfo de la cantera, del esfuerzo y de una manera de entender el fútbol alejada del espectáculo mediático y más cercana a la constancia.
De ahí el interés de varios equipos en incorporarlo en un futuro a sus plantillas, desde el Bayer Leverkusen alemán a los británicos Aston Villa o Brighton. Pero no será fácil su salida dado que su cláusula de rescisión es de 25 millones de euros y tiene contrato con el Espanyol hasta el 30 de junio de 2027.
El lateral catalán, nacido en L’Hospitalet de Llobregat con raíces marroquíes, ha sabido evolucionar en su posición con una madurez que sorprende. Su crecimiento ha sido sostenido, sin necesidad de altibajos ni campañas de promoción.
Ha sido internacional con la selección sub-23 de Marruecos, y formó parte del equipo que ganó la Copa de África de la categoría, y ya fue convocado por la selección absoluta de este país para disputar partidos oficiales de clasificación para el Mundial, siendo el combinado alauí uno de las mejores del continente, lo que le da un margen de crecimiento increíble.
Dentro del vestuario espanyolista, Omar es valorado por su actitud profesional y su gran capacidad de trabajo. Es un futbolista discreto fuera del campo, que no ha levantado polémicas y que está centrado en su carrera profesional y está alineado con los objetivos del equipo. Es un ejemplo a seguir.
Cada partido suyo ha sido una declaración de intenciones: sólido en defensa, incisivo en ataque, pero siempre equilibrado. Su juego es limpio, directo, sin adornos innecesarios. Juega como alguien que ha entendido desde el primer momento cuál es su responsabilidad sobre el césped.
Lo más destacable de Omar es su fiabilidad. En un fútbol en el que las bandas son zonas de riesgo constante, él ha sido un antídoto contra la inestabilidad. Rara vez se le ve fuera de sitio. Es disciplinado tácticamente, pero también valiente. No duda en incorporarse al ataque cuando lo requiere el momento, y lo hace con criterio, no por impulso.
Su proyección ofensiva ha mejorado notablemente. Donde antes se limitaba a cumplir, ahora genera peligro. Sus centros llegan con intención, y su capacidad para doblar por fuera sin dejar desprotegida la retaguardia es oro puro para un equipo que busca crecer desde la solidez. No es el lateral más mediático, pero sí uno de los más completos de la categoría.
Para el Espanyol, Omar es mucho más que un lateral derecho. Es un símbolo de continuidad, una referencia para los jóvenes que vienen detrás y una garantía para cualquier entrenador que entienda que un equipo se construye desde los cimientos.
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