Pedro Sánchez ha indultado a los golpistas del 1 de octubre para asegurarse, a corto plazo, la estabilidad en el Congreso de los Diputados, y a largo plazo la posibilidad de tener una coalición estable de Gobierno con los partidos secesionistas. Esa es la política del actual inquilino de la Moncloa.
Lo que no es de recibo es que el Gobierno del PSOE y Podemos venda lo que es una operación de supervivencia política como una decisión que facilita la «concordia» y la «reconciliación» entre catalanes, y entre los catalanes y el resto de españoles.
Y es que no es verdad. Porque en TV3 se sigue insultando a los catalanes no nacionalistas y se sigue escuchando «Puta España». Porque la ANC y Òmnium siguen difundiendo en el extranjero que España es un país totalitario con una justicia intolerante.
Porque ERC y Junts solo gobiernan, desde la Generalitat, para la Cataluña independentista, marginando a millones de ciudadanos. Porque sus líderes siguen instalando en «lo volveremos a hacer». No hay «reconciliación» posible con los que basan su acción política en despreciar, insultar e ignorar a los catalanes no independentistas. Y han dado sobrada muestras en los últimos años de que esta es su forma de pensar. Y no van a cambiarla.
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