
Lo hemos dicho aquí una vez, y lo diremos mil veces, si hay un centro de la Resistencia al separatismo en Cataluña ese es el Bar Cuéllar, el mítico establecimiento del barrio de Vila-roja en Gerona que se ha convertido en un símbolo de tolerancia y del amor de millones de catalanes hacia nuestros compatriotas del resto de España. gracias a su regente, Antonio Cuéllar.
Emociona subir la cuesta de entrada y ver a la izquierda un mural con la bandera nacional, una pancarta de bienvenida con la bandera nacional, la senyera y la europea y, sobre todo, esa gran pancarta que adorna la fachada del Cuéllar con la inscripción «Cataluña ama a España» con los colores de ambas banderas. Sin que haya sido mancillada por ningún CDR o espécimen similar.
Que Gerona, la llamada «capital de la Cataluña auténtica» por ese fanático que le tocó la lotería de la presidencia de la Generalitat que responde al nombre de Quim Torra, tenga un local como el Cuéllar le redime a los ojos de las sociedades civilizadas. En ese barrio en el que reina el Bar Cuéllar no se ‘votó’ a tres manos el 1 de octubre de 2017, porque las táper-urnas de la Generalitat se convirtieron en drones. Fue la única zona de la capital gerundense en la que se respetó la legalidad.
Allí estuvimos en la noche del jueves Albert Soler, Pau Guix y servidor. Y allí mismo me enteré que Guix no había tenido la fortuna de participar en ningún acto en el Cuéllar y que era la primera vez que lo visitaba. Así que su debut fue por todo lo grande, porque dio una lección magistral sobre teatro clásico y teatro catalán. Y habló de la tradición satírica del teatro para criticar al poder.
Y es que la excusa para que estuviéramos allí – aparte de disfrutar de su tapas – es que presentamos mi último libro, ‘La corte del emperador Junqueras’ (si quieren echar una mano y ayudarnos, pueden comprarlo mandando un bizum de 15 euros al 678 423 324 e indicando la dirección de envío mandando un correo a edicioneshildy@gmail.com). Es una sátira teatralizada sobre una Cataluña en la que Junqueras es el monarca del Imperio Catalán, y su corte y su gobierno son una sarta de personajes ridículos. Más o menos como ahora.
Albert Soler reivindicó que en el libro faltaba una escena que se desarrollara en el Bar Cuéllar, y tomé nota por si hay segunda parte. También criticó la facilidad con la que algunos ‘literatos’ se lanzan a escribir libros de poesía con versos que parecen sacados de ‘mi primera cartilla’. Y se atrevió a recitar un poema digno de ganar el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes que cada año concede Òmnium Cultural: «Chocos en el Cuéllar / qué buenos que están / tú también lo estás / pero sales más cara».
Ambos hablaron maravillas del libro, lo que me hace suponer que se leyeron y les gustó o que no lo hicieron y me elogian para que esté contento. Sea como sea, ambos estuvieron magistrales y nos reímos un buen rato. El público se lo pasó bien, pero no sabemos si fue por la charla o por las consumiciones, porque los actos en el Cuéllar son a la usanza de un café cantante, con el público en sus mesas bebiendo y comiendo mientras los ‘artistas’ – en este caso el trío calavera – íbamos haciendo lo nuestro.
Fue emocionante saludar a los resistentes del separatismo que vinieron a compartir un rato con nosotros, y a los fans de Soler que vinieron a disfrutar de su talento y del encanto del Cuéllar. No faltaron las fotos ante la gran pancarta que adorna este local y, como casi siempre, la charla posterior fue casi mejor que la presentación en sí. Así que volveremos, sí o sí.
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