Son legión los presentadores, humoristas, periodistas y productores que han hecho fortuna en las cadenas nacionales partiendo de una carrera solvente en TV3. La televisión de la Generalitat era partidista, siem pre fue nacionalista desde su fundación en 1983, pero su potencia económica le dotó de calidad técnica y de
un personal solvente y preparado, lo que le llevó a ser admirada por muchos profesionales del resto de España que veían la buena factura de sus programas, sin percatarse del constante nacionalismo, y la incipiente hispanofobia, que invadía su parrilla.
Esta hegemonía absoluta de TV3, que era vista no solo por los nacionalistas o los catalanoparlantes, dado que tenía programas que llegaban a una audiencia muy transversal, se fue rompiendo cuando el ‘procés’ le llevó a convertirse en una televisión exclusivamente independentista.
Buena parte del imaginario del nacionalismo catalán ha sido potenciado, o creado, desde los estudios centrales de TV3 y desde las sedes de las productoras privadas que, por ideología o por ser un negocio muy lucrativo, han aceptado las consignas gubernamentales. Si lo que los que los pancatalanistas llaman “Países Catalanes” gozan de cierta aceptación por la gran mayoría del independentismo se debe, en buena medida, a que el mapa del tiempo de TV3 los recoge. Valencia, las Baleares y la parte de Aragón limítrofe con Cataluña son tierras “catalanas” para los espectadores de TV3, como si hubieran sido “conquistadas” por una Castilla “opresora” que se inventó “España” como una especie de “cárcel de pueblos”.
El gran interés por parte del nacionalismo gobernante en Cataluña en que TV3 se pudiera sintonizar en la Comunidad Valenciana y en las Islas Baleares, con generosas subvenciones de la Generalitat catalana a entidades procatalanistas de estas dos comunidades autónomas (por ejemplo, a Acció Cultural del País Valencià, liderada por el sucursalista Eliseu Climent), no es más que un intento de colonialismo cultural dirigido desde Barcelona. Eso sí, con cierto disimulo, aun siendo una televisión hecha desde una visión pujolista de la sociedad y la política, TV3 intentaba guardar las formas, de manera que se consiguiera el efecto sin que se notara el cuidado.
Esto fue así hasta que el entonces ‘president’ Artur Mas decidió en 2012 que había que abrazar la causa independentista de manera radical para tapar la corrupción de su partido, Convergència Democràtica de Catalunya, y los recortes en políticas sociales. Recordemos como Artur Mas (15 de junio de 2011) tuvo que acceder al Parlament en helicóptero porque el edificio que acoge a la cámara autonómica estaba rodeado por manifestantes indignados con la política económica de la Generalitat.
Entonces TV3 pasó a ser la principal herramienta para convertir a los teóricos “nacionalistas moderados” convergentes en separatistas radicales. No costó mucho, dado que la televisión de la Generalidad ya había sembrado durante décadas la semilla de una falsa “superioridad” de Cataluña con respecto a España. Una propaganda engañosa basada en una Cataluña más “europea, avanzada y democrática” frente a una España “atrasada”, y con tics autoritarios fruto de no haber superado el franquismo. Una televisión en la que los camellos, los delincuentes y las prostitutas hablaban en español.
De ser un medio que intentaba disimular un poco para no espantar a los catalanes a los que quería atraer a la causa nacionalista, TV3 se convirtió en una televisión abiertamente independentista e hispanófoba. Se transformó en una especie de pulpito al servicio del independentismo, y expulsó de su audiencia a todos aquellos catalanes que se han cansaron de escuchar machaconamente en sus telenoticias que hay “presos políticos”, que España es “una semidictadura como Turquía” o que Carles Puigdemont es un “exiliado” y un “represaliado” por una justicia “franquista”. O, simplemente, que ya no aguantaban a más ‘humoristas’ insultando a los símbolos nacionales, los jueces, la Corona, la Guardia Civil, los partidos no independentistas, el pueblo gitano, los andaluces, los extremeños, los castellanos o la Virgen del Rocío.
A los partidos independentistas no les importó que poco a poco la audiencia no separatista abandonara TV3 y se convirtiera en una cadena solo para secesionistas muy cafeteros. Por esta razón desde sus programas se facilitaron que todas las grandes manifestaciones soberanistas de los sucesivos 11 de septiembre fueran un éxito. Y lo hicieron con un entusiasmo y una dedicación que no se sabía si los convocantes eran la ANC y Òmnium Cultural o la propia TV3.
Y en eso siguen, con unos servicios informativos dedicados a destacar todo lo negativo de la ‘España’ que desprecian, tanto en los telediarios como en los documentales, y a elogiar todo lo bueno que hay en Cataluña, como si se trataran de dos realidades independientes. Con una legión de humoristas y ‘graciosos’ cobrando dinero público heredada de los peores años del procés (Jair Domínguez, Óscar Fernández, Peyu, Óscar Dalmau, Peyu, Joel Díaz, Juliana Canet, entre otros) instalados en una especie de CDR cómico cómo si la sociedad catalana no estuviera ya harta de la agitación secesionista.
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.



















