‘La Vanguardia’ siempre ha estado al lado del poder, mandara quien mandara. Por eso le ha ido tan bien desde su fundación en 1881, y fue uno de los grandes medios españoles que mejor resistió la última gran crisis financiera. ¿Qué gobierna el PSOE de Felipe González? Juan Tapia de director. ¿Qué a José María Aznar no le gustaba? José Antich al mando.
¿Qué Artur Mas se convirtió en separatista de toda la vida y necesitaba un diario conservador que legitimara su giro? Antich se reconvierte al independentismo y sigue siendo útil para los intereses del conde de Godó. Y así sucesivamente hasta nuestros días, con el independentista Jordi Juan como director al servicio de la «agenda del reencuentro» de Pedro Sánchez.
Si ‘La Vanguardia’ podía pasar de defender a la Segunda Rapública en la portada a cambiar su cabecera por ‘La Vanguardia española’ y dar loas a Franco, ¿por qué no adaptarse a los giros de la política española mientras el negocio vaya bien? Ahora toca «sanchismo» y apoyar los intentos del líder del PSOE de seguir cerrando acuerdos con los partidos independentistas.
De ahí que ‘La Vanguardia’ sea como la Iglesia, que siempre juega a todos los palos. Si la Santa Sede tiene curas integristas, curas de centro-derecha mediopensionista, curas comunistas, curas socialistas y de cualquier ideología que se puedan imaginar, el diario de los Godó no iba a ser menos. Ahí tienen a Enric Juliana y a Pedro Vallín convertidos en amigos de Sumar, y antes de Pablo Iglesias. Mientras esté en el Gobierno, a la izquierda del PSOE no le faltará su cuota en ‘La Vanguardia’.
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