La invasión de Ceuta, para una gran parte de los españoles, es el problema más grave que sufrimos en la actualidad. Aunque hay muchos temas candentes sobre la mesa: el acceso a la vivienda, la corrupción en el partido mayoritario del gobierno progresista, los efectos del clima, el descontrol fronterizo, la desconexión con los países del resto de Europa, la enemistad con la potencia americana, la familia de Sánchez y sus corruptelas, las joyas del impresentable Zapatero, además de un sinfín de asuntos que suman en la herencia sanchista, lo de Ceuta y la injerencia en la soberanía nacional no tiene parangón.
Lo sucedido en Ceuta es de una gravedad extrema, al demostrarse el pasotismo cómplice del Gobierno que no hizo frente a la invasión y el abandono de nuestros compatriotas tras consumarse la llegada de un centenar de miles de invasores. Pero, a pesar del ridículo generalizado y teniendo que elegir entre lo malo y lo peor, la mayoría acabamos posicionándonos en favor de la responsable de Defensa en contra de la postura liderada por el titular de Interior.
El apoyo a Robles era lógico, tras la fricción y malestar que manifestó frente al resto del gobierno que se mostró aliado con el ministro Marlaska y su inacción. Su comportamiento en el escaño, alejado del palmerismo del resto de la bancada azul y luciendo un enfado monumental, lo asociamos con esa sensación de que sabe mucho que nunca sabremos, desmarcándose de la falsedad comunicada por el cantamañanas que todavía nos preside.
Siendo la responsable de la inteligencia y el espionaje es seguro que maneja mucho material oculto. Una información que, interesadamente, no saldrá a la luz para no demostrar lo inútil y traidor que puede llegar a ser el sanchismo y su mafia. Es curioso el devenir de los acontecimientos, al pasar de pensar que iba a ser caldo de una próxima crisis de gobierno a respaldar la candidatura de Sánchez en la capital de España. Una estrategia electoralista que demuestra la bajeza y miseria del que calla al que puede hablar a base de beneficios que vamos conociendo.
Pasados 80 días de la invasión el abandono de los vecinos de Ceuta, feudo del PP, sigue siendo evidente. El silencio habrá sido la contrapartida, máxime tras filtrarse la certeza de la implicación de Mohamed VI y su gobierno, contradiciendo el argumento que les exonera, al conocer que se movilizaron dos de sus barcos de guerra en aguas españolas para supervisar y dar apoyo a la invasión terrestre. Queda demostrado que dentro del sanchismo no se libra ninguno.
Ahora nos toca esperar un nuevo gobierno y otro responsable de Defensa. Alguien que permita a los soldados hacer su trabajo, defendiendo las fronteras y la integridad de la nación española como se debe, dejando de humillarlos con el espray pimienta protector en la cartuchera.
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