Podemos debatir ampliamente sobre la figura de Manolo González y sobre si la confianza que el vestuario asegura tener en el cuerpo técnico es sólida o no. Es legítimo no ponerse de acuerdo sobre el techo táctico de nuestro entrenador ni sobre su lectura de los partidos. Son conversaciones habituales que alimentan horas de tertulia entre la afición blanquiazul.
Sin embargo, los debates quedan en segundo plano cuando la clasificación aprieta. La auténtica realidad es que el equipo vuelve a estar a un solo punto de la zona de descenso. Esta jornada visitamos el feudo de un rival directo por la permanencia y, en función de los resultados del fin de semana, el peligro de caer al pozo es alarmante. Los más optimistas preferirán pensar que ha llegado el momento de reaccionar, ganar y comenzar una buena racha. Cada aficionado es libre de mantener su postura.
Lo que resulta innegable es el desgaste de la afición. Empieza a ser frustrante comprobar la incapacidad de sacar el máximo rendimiento a la plantilla. Tampoco ayuda que la narrativa recurrente tras cada tropiezo atribuya los errores decisivos únicamente a fallos individuales de dos o tres futbolistas. Mientras tanto, el equipo sigue dejando escapar puntos jornada tras jornada y la grada de Cornellà-El Prat se desespera. Existe la firme sensación de que hay mejor plantilla que el curso pasado, pero no se está aprovechando.
Muchos pericos depositan sus esperanzas en el regreso de Javi Puado para liderar un cambio de tendencia. Ojalá su vuelta sea el catalizador que el equipo necesita con urgencia. No obstante, el presente marca que en El Sardinero volvemos a jugarnos la vida en un duelo de máxima exigencia mental y futbolística. Cabe la posibilidad de vivir un escenario opuesto al de la temporada pasada, cuando firmamos un gran arranque y un tramo final muy deficiente.
Soñar con una segunda vuelta brillante que devuelva la ilusión tras este inicio decepcionante siempre es posible. Sin embargo, la paciencia del entorno tiene un límite. Mantengo que lo ideal sería que Manolo cumpliera su contrato y concluyera la temporada para, llegado el momento, agradecerle los servicios prestados y desearle suerte. Pero si no logramos la victoria en Santander, la directiva y la dirección deportiva quizás deban plantearse si el club puede permitirse esperar tanto.
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