Uno de los grandes males del Espanyol a lo largo de su historia es el ir tirando, el organizar las cosas que tocan porque hay que hacerlo, con poco interés y para pasar el trámite. Así, pasamos de intentar planificar un museo ambicioso y con calidad – hubo hace un par de décadas hasta una comisión que se reunió y planificó que acabó en nada – a lo que tenemos ahora, unos cuadros con las camisetas – algunos de ellos meras réplicas, cuatro vitrinas con las copas y algunos objetos para salir del paso y poco más. Cualquier proyecto de tener un museo como es debido pasó a dormir el sueño de los justos.
Lo mismo pasa con la carencia de una hemeroteca y biblioteca perica. O de cualquier otra cosa que se puedan imaginar. La exposición que se dedicó hace un par de años al centenario de Sarriá fue otra actividad para salir del paso, en un lugar alejado del centro y que parecía más un trámite que otra cosa. Y, por supuesto, la exposición del 125º aniversario ha vuelto a pecar del mismo defecto: una muestra que solo se ha podido visitar durante cinco días y que ha consistido en unos cuantos paneles con fotografías casi todas ellas muy conocidas, con textos muy cortos que apenas superan la divulgación que puede dar un diario generalista y sin ningún tipo de soporte audiovisual.

La exposición solo se medio salva por el marco que la acoge: el edificio histórico de la Universidad de Barcelona, el centro en el que estudiaban los fundadores del club y que le da un carácter nostálgico que hace que la visita no sea una pérdida de tiempo absoluta. Se nota tanto el desinterés en montar una exposición «de verdad» que el visitarla es recordar porque el Espanyol sigue siendo un quiero y no puedo, y no precisamente por culpa del Barça – ese espantajo al que culpamos permanentemente de todos nuestros males – sino por nuestra propia desidia.
No me malinterpreten. La exposición es útil para que aquellos miembros de la comunidad universitaria de la UB, o algún visitante despistado que no sea perico, se haga una idea de lo que es el Espanyol, sus raíces y su importancia dentro del fútbol catalán. Es una exposición digna de un centro cívico de barrio, que entretiene un rato, sin mayores pretensiones, y ajustada a un presupuesto escaso. Pero es indigna al ser organizada por el Espanyol, un club que celebra sus 125 años de historia y que es, no lo olvidemos, una entidad con cerca de 35.000 socios y que aspira a tener un papel importante en el fútbol español.

Parece como si el Espanyol hubiera agotado la mayoría de los cartuchos en el magnífico acto que se celebró esta semana en el Paraninfo de dicha universidad, y no hubiera quedado ganas para mucho más. Y se ha vuelto a perder la oportunidad de organizar una potente exposición que sirviera para reflexionar qué somos, de dónde venimos y a dónde queremos ir. Igual el marco escogido, una estancia de paso en el edificio histórico de la UB, no permitía mucho más, pero para organizar una exposición así, mejor no hacerla.

Esta exposición tendría sentido como muestra itinerante que se dejara a centros cívicos y centros culturales de toda Cataluña para difundir nuestra historia entre el público que no la conoce, y para subir la estima de los pericos locales allá dónde se mostrara, acostumbrados a luchar en un entorno mayoritariamente azulgrana. Su formato es adecuado para este fin. Pero como uno de los actos centrales del 125º aniversario ha sido una tomadura de pelo. Esperemos que con Alan Pace se acabe con este elogio de lo cutre. El Espanyol merece mucho más.
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