Estos datos sobre usos lingüísticos que realiza IDESCAT cada 5 años se corresponden con los de 2023, aunque se hicieron públicos el 19 de febrero de 2025. Suelen facilitarlos en porcentajes. Yo me he permitido hacer la traducción a número de hablantes de cada de las lenguas cooficiales de Cataluña, así como de calcular cuántos hablantes pierde o gana cada una. Mi propósito es no dejar que los políticos sigan engañando a la población y que las víctimas de la exclusión, convertidas en ciudadanos de segunda, repitamos sus infundados mantras.
Está claro que el número de hablantes de catalán respecto de sus hablantes nativos aumenta. Ese aumento se refleja tanto en los que se identifican con esta lengua (+79.020) como en los que la usan habitualmente (+284.471). Cuando los impositores lingüísticos del catalán se quejan de que éste pierde en uso social, a la vista de sus propios datos, mienten. Los oprimidos hispanohablantes nos consolamos diciendo que cuanto mayor es la presión para que lo hablemos, menos lo hablamos, pero vemos que eso no es cierto. Está claro que para el catalán, la L1 (lengua inicial) es menor que la L2 (de identificación o de uso). Eso asegura su buena salud. La transmisión generacional está asegurada.
En el caso del español o castellano pasa al revés; se pierden hablantes: – 695.373; bien porque sus nativos lo abandonan y se pasan al catalán, o bien porque pasan a engordar el grupo de los bilingües. En cuanto a su uso social, disminuye en – 213.353. En definitiva, para el español, L1 es mayor que L2. Esta tendencia se repite con mayores o menores porcentajes cada cinco años. O sea que su salud en Cataluña empeora y su transmisión generacional, de seguir así, no está asegurada.
Las autoridades de política lingüística sostienen que el catalán se tiene que imponer para protegerlo, pero, como vemos, crece; no está en peligro. ¿Por qué se tiene que imponer? En una zona socialmente bilingüe, como ésta, si se impone una lengua, se está prohibiendo la otra. Hay que tener cuidado con estas cosas porque detrás de las lenguas están los hablantes; o sea, las personas, que son los únicos portadores de derechos.
Un apunte más. En el supuesto de que el catalán estuviera perdiendo hablantes, que no es el caso, ¿sería lícito obligar a los hablantes de español a renunciar a su lengua para engrosar la otra que tiene un poder de comunicación muy inferior? ¿Tenemos la obligación de salvar las lenguas minoritarias? Si fuera así, ¿no tendríamos que volcarnos todos en salvar el aranés?
El verdadero problema de los catalanohablantes es su invierno demográfico. Si no tienen hijos, a la larga, el idioma desaparecerá; cosa que también le puede suceder al español en España.
Vamos con otro concepto importante: ¿qué es la cooficialidad lingüística? El uso obligatorio y sin preferencias de todas las lenguas cooficiales que conviven en la comunidad por parte de las administraciones y autoridades. ¿Cuántas tenemos en Cataluña? ¡Tres! Ya es estrambótico que el parlamento catalán, el 22 de septiembre de 2010, declarara el aranés lengua oficial en toda Cataluña cuando sus pocos hablantes están concentrados en el Valle de Arán, donde sí tiene sentido que sea oficial, ya que allí es la 2ª lengua materna detrás del español, pero no en todo el territorio, en donde el porcentaje es prácticamente cero.
El caso es que legalmente las administraciones catalanas, tanto autonómicas como municipales, habrían de tener toda la documentación, cartelería e información al ciudadano en los tres idiomas, cosa que tampoco se cumple. Desde luego el ciudadano no tiene obligación de conocer todas las lenguas cooficiales (en algunos países tienen 10 o más). La cooficialidad obliga a las administraciones, nunca al individuo. Éste escoge lengua; las administraciones se adaptan porque están para servir al ciudadano que para eso las pagamos.
Otra falacia de la propaganda oficial: El sistema de inmersión es un modelo de éxito. Primero, lo que aquí llaman inmersión es cambiar la lengua del niño hispanohablante en la escuela; los catalanohablantes no son inmersionados; se educan en su lengua.
Los resultados de pruebas internacionales como PIRLS (mide la comprensión lectora de alumnos de 4º primaria), TIMSS (mide nivel de matemáticas y ciencias en 4º de primaria), y PISA (mide nivel de comprensión lectora, matemáticas, y ciencias para alumnos de 15 años) sitúan a Cataluña a la cola de España. Dentro de que Cataluña está a la cola, los hispanohablantes sacan resultados muy inferiores a los catalanoparlantes: 10,85 puntos menos en ciencias y 10,30 menos en lectura.
¿Han revisado en el Ministerio de Educación los planes de estudio? – No. ¿Se han molestado los responsables de educación en Cataluña en buscar las razones por las que Cataluña va tan mal? ¿Se han puesto en contacto con las CCAA que, a pesar de tener el mismo plan-base de estudios, han sacado resultados por encima de la media de la OCDE? ¿Tienen nuestros políticos interés para corregir lo que no funciona? ¿Les guía lo que es mejor para el desarrollo cognitivo y emocional de los estudiantes? ¿Están preparando ciudadanos con sentido crítico y de justicia en igualdad de derechos y deberes?
Pues no. La Generalitat no está por la labor de rectificar nada, sino para aumentar el acoso a los hispanohablantes, y sigue insistiendo en que “existe convergencia en el rendimiento entre lengua catalana y lengua castellana al llegar a cuarto curso de ESO, que el sistema educativo catalán garantiza un dominio equiparable de las dos lenguas al final de la educación obligatoria, y que el nivel de castellano o español que alcanzan los alumnos catalanes es equiparable al del resto de CCAA”.
Para tal conclusión, haría falta establecer la misma prueba simultáneamente en toda España, cosa que no ocurre. En realidad, no hay ninguna prueba para valorar el nivel de español dentro de Cataluña. Torticeramente, el Govern esgrime que los resultados obtenidos en las PAU en las asignaturas de lengua catalana y literatura y de lengua española y literatura en los últimos cinco años son equivalentes en las dos lenguas. No obstante, desde hace años hay una gran diferencia entre los niveles de esas pruebas. Bajan el listón en la prueba de castellano con el fin de demostrar que los estudiantes de Cataluña tienen el mismo nivel de castellano –o incluso superior– que los del resto de España y que, por lo tanto, no hay nada que cambiar.
Vamos que los alumnos de aquí con tan sólo 2 horas semanales en castellano (únicamente la asignatura de este idioma) adquieren el mismo nivel que los del resto de España que tienen unas diez asignaturas en esta lengua con 25 horas semanales. Un insulto a la inteligencia. Como decir que todos los catalanes aprenden el español en la calle. En la calle se aprende el español coloquial. El registro culto de una lengua (competencia en expresión oral, lectura y escritura) se aprende en la escuela y es el que abre posibilidades en el mundo laboral.
A muchos hispanohablantes les han hecho creer que tienen una lengua equivocada. No caen en la cuenta de que la dimensión cuantitativa y cualitativa del español es enorme. Los hispanohablantes tenemos la gran fortuna de hablar una de las tres megalenguas que existen en el mundo, junto al chino mandarín y el inglés. Esto supone inmensas ventajas de las que no somos conscientes. Nuestra lengua es una de las más avanzadas en el terreno de la Inteligencia Artificial. Somos cerca de 600 millones de hispanohablantes –la mayoría la tiene como lengua materna (la 2ª, por detrás del mandarín). Es además la tercera lengua en el ciberespacio, y la segunda lengua en aplicaciones como X, Facebook o plataformas como Netflix… Todo esto molesta al poder en Cataluña, pero ¿estamos dispuestos a renunciar a nuestro mayor tesoro?
Marita Rodríguez, Asociación por la Tolerancia
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