El socialismo catalán intenta cerrar en falso una herida que ha dejado al descubierto las costuras de su estrategia territorial. Tras tres semanas de vacío absoluto, el PSC ha logrado encontrar relevos para sus actas en el Ayuntamiento de Ripoll. La crisis, lejos de ser un simple trámite administrativo, refleja la deriva de una formación que prefiere purgar a los suyos antes que aceptar la realidad municipal.
La dirección del partido en Gerona ha tenido que rastrear a fondo para encontrar candidatos dispuestos a asumir el cargo. Finalmente, los elegidos son Paco Morillo y Jorge Iglesias. Ambos llegan con la difícil misión de recomponer un grupo municipal desmantelado por las órdenes directas de la cúpula. La política local de despacho vuelve a imponerse sobre la voluntad expresada en las urnas. Ambos no iban en las listas, pero la ley electoral permite este extremo siempre que todos los integrantes de la candidatura hayan renunciado al acta de regidor.
Esta maniobra llega el mismo día en que el pleno de Ripoll ha oficializado la salida de Enric Pérez y Ana Avilés. Ambos concejales fueron empujados a la dimisión tras cometer el «pecado» de abstenerse en la votación de las cuentas municipales. Para el PSC de Salvador Illa, permitir que Sílvia Orriols apruebe unos presupuestos es una línea roja que justifica cualquier purga interna.
La disciplina de partido ha pasado por encima de la autonomía local con una contundencia inusitada. Pérez y Avilés ya dejaron sus sillas vacías en la última sesión, simbolizando el desprecio de la dirección hacia quienes conocen el día a día del municipio. El castigo ejemplarizante busca evitar que otros grupos municipales se salgan del guion marcado desde Barcelona.
Paco Morillo es uno de los elegidos para ocupar el hueco dejado por la purga. Su trayectoria profesional está ligada a la empresa Fibran Group, en Sant Joan de les Abadesses. Sin embargo, su perfil es puramente sindical, habiendo representado a la UGT durante más de dos décadas. El PSC recurre a la vieja guardia sindicalista para asegurar la obediencia que faltó en la anterior etapa.
El segundo perfil es el de Jorge Iglesias, un jubilado de origen uruguayo con un largo historial en el aparato de la UGT. Iglesias fue secretario de organización del sindicato en las comarcas gerundenses durante dieciocho años. Su perfil técnico y orgánico sugiere que la prioridad del PSC es mantener el control férreo de la agrupación, más allá de la gestión política directa.
Llama la atención que la solución a una crisis de representación política sea recurrir sistemáticamente a cuadros sindicales. El PSC parece haber perdido la capacidad de atraer perfiles diversos en municipios donde el discurso oficial choca con la realidad. La UGT vuelve a actuar como el pulmón artificial de un partido que languidece en ciertos puntos del territorio.
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