El ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, asumirá el reto de encabezar la candidatura del PSC en las próximas elecciones generales del veintinueve de noviembre. Aunque desde la dirección del partido se guardan las formas orgánicas exigidas, la decisión en los despachos socialistas ya está más que tomada.
La viceprimera secretaria de la formación, Lluïsa Moret, ha intentado mantener la ficción institucional al recordar que la ejecutiva y el Consell Nacional deberán ratificar el nombramiento en los próximos días. Sin embargo, nadie duda en Barcelona de que el engranaje del partido funciona con puntualidad suiza cuando se trata de dictar los designios desde la cúpula.
Este movimiento responde a la tradición no escrita del socialismo catalán de situar al frente de las listas al Congreso a su principal activo institucional disponible. Hereu toma así el testigo de Meritxell Batet, quien lideró las planchas en 2023, 2019 y 2016, siguiendo la estela de nombres históricos como Carme Chacón, José Montilla o Narcís Serra.
La designación recupera a un dirigente que parecía haber dejado atrás la primera línea de la política institucional tras su etapa municipal. Hereu saltó a la alcaldía de Barcelona en 2006 como relevo de Joan Clos y logró mantenerse tras ganar los comicios de 2007 gracias al apoyo de Iniciativa per Catalunya.
Aquella etapa en el Ayuntamiento de Barcelona, no obstante, estuvo marcada por sonoros tropiezos de gestión que la oposición conservadora no tardó en fiscalizar. Su mayor descalabro político llegó en el año 2010 con la fallida consulta popular sobre la reforma de la Diagonal, un proyecto faraónico que la ciudadanía tumbó de forma estrepitosa con un rechazo del ochenta y siete por ciento.
El desgaste acumulado pasó factura en las urnas del año siguiente, cuando Xavier Trias le arrebató la vara de mando de la capital catalana. Tras aquel batacazo, Hereu optó por apartarse de la primera línea en 2012 para buscar refugio en la actividad privada, cerrando temporalmente un ciclo político convulso.
Tuvo que llegar Pedro Sánchez en noviembre de 2023 para rescatarle del olvido político y asignarle una cartera ministerial con la que devolverle al escaparate público. Su paso por el Ministerio de Industria y Turismo ha transcurrido en una discreción calculada, más pendiente de la gestión rutinaria que de impulsar grandes transformaciones estructurales.
Con este nombramiento, el socialismo catalán opta por un perfil previsible y moderado en apariencia, buscando amortiguar la erosión gubernamental de la Moncloa en un territorio tan complejo como el catalán. Se prefiere la carta de un rostro conocido antes que arriesgar con savia nueva que desconozca los equilibrios internos del partido.
Las urnas del próximo veintinueve de noviembre dictarán sentencia sobre si este ejercicio de reciclaje político convence a un electorado cada vez más exigente. El PSC confía en la inercia del aparato para salvar los muebles, pero el pasado de Hereu en Barcelona sigue proyectando sombras difíciles de disimular.
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