
Se acerca San Valentín. ¿Quiere hacer ver a su pareja, que a menudo no aprecia sus infinitas virtudes, lo mucho que gana estando usted a su lado, y que la cosa podría ser mucho peor? Vaya a este enlace, imprima en un cartulina la careta de Carles Puigdemont y el Día de los enamorados preséntese en su hogar con ella puesta, un tiesto con un cactus decorado con celofán y un bonito lazo amarillo y una caja de bombones decorada con fotos de los ‘Jordis’ y de Oriol Junqueras.
Si su pareja comienza a gesticular y a protestar, quítese la careta y saque del maletín el vale para una escapada romántica (Bruselas queda descartado como destino) y luego ha de convencerla (le) de la fortuna que tiene de que esa pesadilla no sea realidad. En cambio, si ve que ha causado el efecto contrario y con ojos tiernos le dice algo así como «no sabía como decírtelo, Carles, pero te admiro y quería decirte que siempre soñé que vendrías del exilio a rescatarme…» no pierda el tiempo quitándose la careta y corra. Corra muy lejos, como si no hubiera mañana. Y no se moleste en volver a por sus cosas.
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