Teresa Jordà volverá a encabezar la candidatura independentista al Congreso en la cita electoral del próximo 29 de noviembre. La contienda interna confirma el empeño de la formación separatista en repetir fórmulas desgastadas para mantener su presencia en la Cámara Baja.
Los datos arrojados por la votación interna muestran un respaldo mayoritario, aunque lejos de un entusiasmo unánime. Jordà se impuso con el 59,8% de los sufragios frente a su rival, Etna Estrems, que cosechó el 37,3%. La escasa participación de las bases deja al descubierto el desinterés creciente que sufre la militancia republicana.
Jordà sumó apenas 425 papeletas frente a las 265 de la candidatura alternativa. Un total de 21 electores optaron por votar en blanco en unos comicios de perfil bajo. Esquerra evidencia así dificultades para ilusionar a su propio suelo electoral en un territorio históricamente clave.
Tras confirmarse el resultado, Jordà desempolvó el ideario habitual de la izquierda secesionista. Entre sus prioridades proclamó la defensa de la lengua catalana, el acceso a la vivienda y la autodeterminación. Discursos manidos que el electorado catalán ha escuchado repetidamente sin que se traduzcan en mejoras de gestión.
La candidata apeló a su arraigo en las comarcas gerundenses para justificar la continuidad de su escaño. Insistió en la necesidad de conservar un proyecto propio y ambicioso en Madrid. Sin embargo, su trayectoria parlamentaria ha destacado por alinearse de forma constante con las tesis del Gobierno sanchista.
Nacida en Ripoll en 1972 y licenciada en Historia, Jordà cuenta con un extenso recorrido institucional. Ocupó la alcaldía de su municipio natal durante ocho años antes de dar el salto a la política estatal. Su prolongada presencia en las instituciones refleja una clara profesionalización del cargo público.
Su paso por la Generalitat entre 2018 y 2023 al frente de Acción Climática y Agricultura dejó severas dudas. El sector primario catalán acusó entonces una acusada falta de soluciones efectivas ante problemas estructurales. Pese a ese bagaje de gestión discutible, la cúpula del partido sigue confiando en su veteranía.
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