La sede de S’ha Acabat! en Barcelona se convirtió el pasado miércoles en el epicentro de la disidencia contra el régimen nacionalista. Bajo el título “La sociedad civil frente al supremacismo catalán”, diversas asociaciones alzaron la voz contra una deriva que cuenta con la alarmante pasividad del PSC. La complicidad de los socialistas con el separatismo ha dejado a los ciudadanos constitucionalistas desprotegidos ante el abuso de poder.
El coloquio sirvió para reivindicar el papel de entidades como la AEB, Impulso Ciudadano, Unión de Brigadas o S’ha Acabat! Estas organizaciones se erigen hoy como el único dique de contención real frente a un golpismo que busca fracturar la sociedad. Mientras el Gobierno central mira hacia otro lado por conveniencia parlamentaria, la sociedad civil asume la responsabilidad de defender la legalidad vigente.
Ana Losada, presidenta de la AEB, fue contundente al describir la realidad de las aulas catalanas. La educación se ha transformado en un laboratorio de ingeniería social donde se sacrifica el éxito escolar de los niños. El modelo de inmersión lingüística no busca el bilingüismo, sino utilizar la lengua como una herramienta de exclusión política y construcción nacional.
La presidenta de la AEB denunció el acoso sistemático que sufren las familias que simplemente piden el cumplimiento de la ley. Es intolerable que, en una democracia europea, reclamar el castellano como lengua vehicular suponga un estigma social. El PSC, lejos de proteger estos derechos fundamentales, prefiere mantener sus pactos con quienes desobedecen las sentencias judiciales de forma reiterada.
Por su parte, Pepe Domingo, presidente de la Fundación Impulso y Cooperación puso el foco en la erosión constante de las libertades públicas en Cataluña. El supremacismo ha logrado colonizar instituciones y espacios comunes que deberían ser neutrales y de todos los ciudadanos. El control de las universidades, ayuntamientos y plazas públicas es una estrategia deliberada para silenciar a la mitad de la población.

La red de clientelismo del nacionalismo es otro de los pilares que sostiene este sistema de pensamiento único. Se destinan ingentes recursos públicos a financiar entidades afines mientras se asfixia a cualquier voz crítica o disidente. Este tejido de intereses económicos y políticos impide que Cataluña recupere una normalidad democrática basada en la pluralidad real.
El papel de los jóvenes en esta resistencia cultural es fundamental para garantizar un futuro en libertad. Carlos Caballero, vicepresidente de S’ha Acabat!, destacó la valentía de los estudiantes que plantan cara a la hegemonía separatista en los campus. Los jóvenes constitucionalistas son quienes sufren con mayor crudeza el señalamiento y la presión de un entorno radicalizado.
La universidad, que debería ser un templo del debate y la libertad, se ha convertido en muchas ocasiones en un terreno hostil. Sin embargo, el miedo está cambiando de bando y la juventud ya no está dispuesta a aceptar la violencia normalizada. La labor de contención que realizan estas asociaciones juveniles es la mejor garantía contra el adoctrinamiento institucionalizado.
Durante el acto, el público asistente coincidió en la necesidad de romper el relato oficial que proyecta la Generalitat. Existe una Cataluña real, silenciada por los medios públicos, que se siente profundamente desamparada por las actuales instituciones. La sensación de abandono es absoluta ante un ejecutivo catalán que solo gobierna para los suyos.
Eventos como el del miércoles demuestran que la sociedad civil no se va a rendir a pesar de los constantes desprecios. La batalla cultural por la libertad y la igualdad es más necesaria que nunca en una comunidad fracturada por el nacionalismo. Frente al sectarismo y la exclusión, queda la esperanza de una ciudadanía movilizada, unida y decidida a recuperar sus derechos.
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