La Cataluña de 2019 está mucho más radicalizada que la de los 80’s e inicios de los 90’s, cuando Terra Lliure fracasó ante la falta de apoyo social. Los partidos secesionistas han tensado la sociedad catalana al límite, y la han fracturado en dos. Por mucho que los separatistas nieguen esta división, existe, y es cada día más profunda.
Si el secesionismo no hace una reflexión seria, el actual conflicto social pasará a una fase más peligrosa. Ahora mismo hay dos Cataluñas que se ignoran. Pero las miradas de odio que se ven en las concentraciones pro CDRs por parte de un puñado de radicales, en los mitines separatistas en los que se incita a «marchar de Cataluña» a los que no piensan como ellos, o su búsqueda de la exclusión del espacio público de los catalanes no independentistas, son señales muy poco tranquilizadoras.
Se empieza tachando de “colono”, “invasor” o “no catalán” al vecino y se acaba aplaudiendo que se vayan de Cataluña, o cualquier agresión o acoso que pueda sufrir.
Ni Cataluña, ni el resto de España se pueden permitir que Cataluña caiga en la espiral de la violencia. El primer paso para evitarla es que los dirigentes secesionistas tengan, por una vez, el valor de reconocer que se equivocaron al violar la Constitución, que mintieron a sus seguidores, y que España no es una dictadura y que la única manera de convivir en paz es aceptar que los catalanes no secesionistas no son sus enemigos, sino sus vecinos.
Es el único camino para intentar arreglar las cosas. Pero no será nada fácil mientras fanáticos como Quim Torra o Roger Torrent estén al frente de las instituciones.
Comentario editorial de elCatalán.es
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.
















