Tal y como nos tienen acostumbrados, desde el secesionismo se busca un efectismo mediático que, en el marco de una ciudadanía a la que no se ha explicado debidamente en qué consisten las prerrogativas parlamentarias o qué efectos jurídicos pueden ser aprovechados (o no) por los diputados electos, cual «fake» habituales en medios y redes, aparecen categorizados los más variados esperpentos ante nuestros ojos como si de auténticos documentos o acreditaciones oficiales se tratara.
Después de que se evidenciara todo el efecto propagandístico que estaba detrás de las acreditaciones provisionales, sin efecto jurídico alguno pero con gran potencial mediático, que el Parlamento Europeo otorga a los diputados electos, antes de que les llegue la acreditación formal y definitiva expedida por el Estado miembro de procedencia, tal como dispone la normativa europea, hay que esperar un nuevo embate efectista, que ya veremos por dónde se proyecta.
Es necesario mirar con lupa todo lo que acontece. No fiarse de noticias interesadas y tergiversadas. Lo que hasta ahora ha estado circunscrito al ámbito de las «fakes» internas, va a tener cada vez una mayor dimensión internacional y europea.
Además, con la «retribución» que la candidatura encabezada por Puigdemont, obteniendo dos eurodiputados y los votos que ha recibido, que puede subir del millón de euros, podemos estar preparados para que nos crujan, no sólo con «fakes» sino con los mejores acosos de que sean capaces. Pueden, incluso, pagarlos generosamente.
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