Al separatismo catalán, sea gubernamental o no, todo lo que les huele a “España”, sea la lotería nacional, la paella, los toros, el Acueducto de Segovia, una investigación del CSIC; la Guardia Civil, la Giralda o las mantecadas de Astorga, lo definen como “franquista”, y no les importa defenderlo aunque rocen el ridículo.
Su mantra es vender la “modernidad” de la Cataluña que ellos aseguran representar, venden la imagen de un “Estado español” que es “franquista” y “retrógrado”. España está en la zona alta en los principales baremos de salud democrática a nivel mundial, mientras que en la comunidad autónoma catalana los estándares de respeto a a las libertades cívicas se están deteriorando día tras día.
El supremacismo que desprecia todo lo español ha de ser combatido democráticamente, porque lo que busca es denigrar a los millones de catalanes que nos sentimos españoles, porque no nos consideran catalanes, sino ciudadanos de segunda que podemos ser despojados de nuestros derechos.
Ante el totalitarismo del independentismo radical hay que exigir firmeza al Estado de derecho que nos ampara a todos los españoles.
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