La deriva del PSC en ciudades como Hospitalet de Llobregat es la crónica de una traición anunciada a su propia base electoral. Resulta incomprensible que en el corazón del cinturón metropolitano, donde el español es la lengua materna de la inmensa mayoría, el socialismo actúe como mamporrero de las tesis del sector secesionista. Salvador Illa ha decidido que la supervivencia de Pedro Sánchez en Madrid bien vale el sacrificio de los derechos lingüísticos de los catalanes.
En Hospitalet de Llobregat, el PSC (gobierna esta ciudad desde 1979) ha permitido que el castellano desaparezca de la rotulación pública y de las comunicaciones oficiales de facto. Es una sumisión voluntaria que deja a los ciudadanos desprotegidos ante una administración que les trata como ciudadanos de segunda. Mientras el alcalde David Quirós calla, el acoso escolar y laboral por motivos de lengua se cronifica en los barrios que antes eran bastiones de la libertad.
La complicidad del PSOE con el movimiento separatista ha transformado la inmersión lingüística en una herramienta de exclusión política. Ya no se trata de proteger el catalán, sino de erradicar cualquier rastro de la lengua común en el espacio público bajo la mirada complaciente de las autoridades locales. El socialismo catalán ha pasado de ser el puente entre comunidades a ser el cómplice necesario del nacionalismo más rancio.
Es especialmente doloroso ver cómo se ignora el bilingüismo real en ciudades que, como L’Hospitalet, Tarragona o Lérida – todas ellas gobernadas por el PSC -, tienen realidades sociolingüísticas muy diversas. El PSC prefiere comprar la paz social con las élites nacionalistas antes que defender la ley y las sentencias que exigen el 25% de castellano en las aulas. Han abandonado la defensa de la igualdad para abrazar un identitarismo que solo beneficia a quienes quieren romper España.
La pasividad del Gobierno central es el combustible que alimenta el motor de la discriminación en Cataluña. Sánchez ha entregado las llaves de la convivencia a quienes desprecian la ‘Ñ’, permitiendo que se persiga a familias que solo piden educación en su lengua materna. Es una estrategia cínica donde los derechos civiles de millones de personas se utilizan como moneda de cambio parlamentaria.
El acto organizado por ‘elJacobino’ el próximo 7 de marzo en el centro cultural ‘La Bòbila’ de L’Hospitalet (18:00) pone el foco en esta orfandad política que sienten muchos catalanes. Es un grito de auxilio desde la sociedad civil frente a unas instituciones que han decidido darles la espalda por puro cálculo electoral. La izquierda real debería estar defendiendo la lengua común como elemento de cohesión social, no ayudando a levantar muros invisibles.
Resulta esperpéntico que en 2026 tengamos que reivindicar el derecho a usar el español sin sufrir presión social o barreras administrativas. El PSC se ha convertido en el gestor eficiente de la agenda nacionalista, blanqueando la exclusión bajo el eufemismo de la «normalización». Han olvidado que su mandato emana de un pueblo que se siente tan catalán como español y que no quiere elegir entre ambas identidades.
La gestión del bilingüismo en Cataluña bajo el mando socialista es un fracaso democrático absoluto. En lugar de fomentar el respeto mutuo, han permitido que se instale un clima de sospecha sobre quienes utilizan el castellano en ámbitos oficiales. Es la política del avestruz: esconder la cabeza ante el conflicto mientras el sector ‘secesionista’ avanza posiciones en su ingeniería social.
El futuro de la convivencia en Cataluña pasa por recuperar la neutralidad de las instituciones y el respeto a la pluralidad lingüística. Hospitalet debe volver a ser el referente de la libertad que fue, lejos del tutelaje nacionalista que hoy le impone el PSC. La resistencia civil es hoy más necesaria que nunca para recordar que los derechos no pertenecen a los territorios, sino a las personas.
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