El PSC vuelve a recurrir a su receta favorita antes de cada cita con las urnas: agitar el miedo ideológico. Los socialistas catalanes ya han dejado claro que desplegarán toda su maquinaria para impedir que formaciones como Vox o Aliança Catalana influyan en los gobiernos locales. La consigna procede directamente de la cúpula parlamentaria del partido. Ferran Pedret, en una entrevista a la ACN, ha verbalizado el compromiso total de la formación para cerrar el paso a las opciones que el aparato socialista califica como extrema derecha.
El movimiento busca condicionar de forma directa el espacio de Junts per Catalunya. Pedret ha lanzado una advertencia explícita a la formación posconvergente, acusándola de otorgar una pátina de respetabilidad institucional a discursos que considera perjudiciales. Sin embargo, esta apelación a la superioridad moral tropieza de lleno con la hemeroteca. La trayectoria del PSC en el territorio catalán deja al descubierto costuras evidentes que deslucen el rigor de su argumentario.
No conviene olvidar lo sucedido en el Ayuntamiento de Ripoll. La abstención de los concejales socialistas facilitó el camino presupuestario a Sílvia Orriols, provocando un incendio interno que culminó con la disolución de la agrupación local. Pese a estos precedentes, la dirección insiste en que priorizará los pactos calificados como de progreso. Desde el partido apelan a supuestas circunstancias locales para justificar combinaciones del pasado que hoy resulta incómodo explicar a sus electores.
Más allá del discurso doctrinal, la maniobra responde a un objetivo de expansión territorial muy meditado. La cúpula socialista trabaja para presentar candidaturas potentes en comarcas donde históricamente ha tenido escasa implantación. La comisión electoral del PSC ya ha dado luz verde a más de un centenar de listas en toda Cataluña.
No obstante, la formación mantiene sombras relevantes en plazas estratégicas. La incertidumbre sobre la candidatura en Gerona sigue abierta, entre rumores que sitúan a la consejera Sílvia Paneque de regreso a la política municipal. El PSC encara el horizonte local apoyándose en la polarización para cohesionar a su electorado. La duda reside en si los votantes premiarán este relato o penalizarán sus continuos virajes tácticos.
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