
Servidor es un ser de costumbres, y en cada viaje a Madrid hago lo que denomino el «tridente mágico de Sol», dado que tres establecimientos que me enamoran de la capital están en los alrededores del kilómetro cero de la capital. Uno de ellos, Casa Labra (Tetuán, 12) y sus magníficos ‘soldaditos de Pavia’ (bacalao rebozado), tiene además el componente histórico que en esta taberna Pablo Iglesias fundó el PSOE en 1879.
Aunque reconozco que más que buscar conocimiento, a Casa Labra voy a zampar sus soldaditos de Pavia, sus croquetas de bacalao, sus empanadillas de carne y sus albóndigas en salsa. La carta de tapas y platillos es corta, pero sabrosa. También es reseñable su pincho de bonito en escabeche.
La siguiente estación es la tortilla con salsa brava de, cómo no, «Las bravas» (Espoz y Mina, 13), un bar legendario de Madrid que tiene patentada su mágico elixir. En este lugar prefiero que este líquido condimento sea vertido no sobre unas patatas, sino sobre una tortilla de patatas (yo la pido bien cuajada). Lo encuentro más sabroso. Los calamares del lugar también son destacables, así como su montadito de solomillo. Y las bravas, por supuesto.
Tienen otro establecimiento en el Pasaje de Mathéu y les aseguro que su salsa brava crea adicción, llevo disfrutándola desde hace más de treinta y cinco años. Es líquida, especiada y ligeramente picante, nada que ver con otras salsas amayonesadas. De hecho, la venden aparte para aquellos que quieran disfrutarla en su domicilio.

El tercer local con encanto es la pastelería ‘La Mallorquina’ (Puerta del Sol, 8), un lugar magnífico para tomar un café y una napolitana de crema (mi preferida), con vistas a la calle Mayor o a la puerta del Sol, según la suerte que se tenga a la hora de escoger mesa.

Toda la oferta de dulces del local es magnífica, y basta para volver loco a cualquier goloso, pero reconozco que ya les he confesado mi preferencia: barata, recién hecha y sabrosa. Poco más se puede pedir.
Las colas para comprar sus napolitanas y llevárselas son una de las estampas típicas de Sol, pero no se despisten, por mucha gente que hayan esperando, si quieren tomar sus especialidades allí mismo entren por la otra puerta y pregunten, porque a menudo hay mesas libres en el segundo piso, que es dónde tienen la cafetería.
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