Lo de sufrir ya forma parte del ADN del Espanyol. Aunque muchas otras aficiones podrían decir lo mismo, lo que padecemos los pericos es de récord mundial. A pocos clubes le ha quebrado la constructora cuando estaba edificando su estadio.
Nos pasó a nosotros en la década de los 20 del siglo pasado, y por esta razón el estadio de Sarrià acabó siendo de un aforo inferior al previsto. Y pocos equipos han tenido tanto peso en los organismos federativos, para luego conseguir tan poco rédito (en eso Joan Gaspart fue un maestro para defender los intereses culés).
Y tan pocos equipos tienen en contra a los políticos de su país o región. Pocos alcaldes habrán ninguneado a un club de élite que estuviera en su ciudad. ¿Recuerdan a Xavier Trias, que piensa de tener un yerno perico es una desgracia?
¿Recuerdan cómo el consistorio barcelonés nos trató mal cuando estuvimos en el ‘exilio’ en Montjuïc? ¿Cómo se sienten cuando TV3 o Catalunya Ràdio pasan de nosotros? ¿O cuando la Generalitat hace campañas publicitarias en las que ignoran al RCD Espanyol? Así que lo de sufrir va con nosotros, pero hemos de comenzar a pensar que ya basta de resignación, y que hemos de trabajar para sufrir menos, y ser un club mejor.
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