Me gustaría hablar sobre el ‘oro del Barcelona’, una expresión que el mítico actor Manolo Morán usó en la película ‘Once pares de botas’, en el que interpretaba a un hincha del Club Deportivo Hispania, un ficticio equipo catalán que, efectivamente, suena mucho al Real Club Deportivo Espanyol, sobre todo porque era el rival ciudadano de otro equipo, en este caso no ficticio, el Fútbol Club Barcelona.
Morán, en un momento de la película, tras escuchar a un periodista radiofónico de indudable querencia azulgrana, no dudó en gritar que “estaba vendido al oro del Barcelona”. Ya en 1954 el concepto de “prensa culé” estaba en boga, y el poderío del Barça era evidente en la opinión pública, y publicada.
Ese “oro del Barcelona” es el que ha intentado acabar con la competencia deportiva de cualquier club que pudiera hacer sombra al Barça, y de ahí que ni Sabadell, Nàstic o el Lleida hayan sobrevivido a sus intentos de consolidarse en la elite. Por mucho que los gerundenses se las prometan felices, también acabarán sucumbiendo. Y lo mismo le acabará pasando al Girona.
Solo el Espanyol ha resistido durante décadas al “oro del Barcelona”, y hemos estado en 88 de las 94 temporadas que se han disputado en Primera División. Y lo hemos hecho por la fidelidad de nuestra afición, siempre dispuesta a ser la alternativa al pensamiento único deportivo.
A pesar de los errores de nuestros dirigentes, y de nuestra falta de ambición como socios del club, hemos aguantado durante décadas. Y lo seguiremos haciendo, porque somos inmunes al “oro del Barcelona”, somos la única alternativa viable a un Barça que no quiere ningún otro club al lado que le pueda hacer sombra.
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