El RCD Espanyol ha vuelto a encender la chispa de la ilusión entre su afición. Tras un verano de trabajo intenso en los despachos, el club ha cerrado fichajes que responden a las necesidades reales del equipo y que transmiten la sensación de que esta temporada puede ser diferente. La plantilla, más compensada que en el pasado, empieza a ilusionar con un futuro prometedor.
Pickel representa la seguridad que tanto demandaba el centro del campo, contundente y con capacidad de liderazgo. Y la recuperación de Urko aporta fuerza y calidad en la medular y ya que es capaz de sostener el juego cuando más lo necesite el equipo.
La frescura y el descaro llegan con Koleosho, un viejo conocido de la afición perica que es una de las apuestas que más ilusión despiertan en la grada. Joven, rápido y con desborde, su manera de encarar promete levantar a la afición de los asientos. Es ese tipo de jugador que contagia alegría y que devuelve la sensación de que algo diferente puede suceder cada vez que toca el balón.
A todo ello se suma Riedel, polivalente y fiable, capaz de adaptarse a distintas posiciones en la zaga y la medular. Su versatilidad y su seguridad en defensa da tranquilidad a un cuerpo técnico que la pasada campaña sufrió por la falta de recambios. Con él, el equipo gana profundidad y soluciones, un lujo en una competición larga y exigente.
El resultado es un Espanyol que respira equilibrio y confianza. No se trata solo de nombres, sino de cómo cada incorporación encaja en un proyecto que, esta vez, parece pensado para crecer. El vestuario se siente más fuerte, la competencia interna aumenta y la afición percibe que el club está construyendo algo sólido.
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