El prestigioso penalista José María Fuster-Fabra, un defensor habitual de agentes de los diversos cuerpos policiales – y que ha llevado varias causas contra los golpistas del ‘procés’- relató en el libro ‘Flipando con el procés’ (pueden comprarlo en este enlace) una anécdota que vivió, y que demuestra la querencia por la apariencia que tiene buena parte del secesionismo, incluyendo el más ‘pancartero’: mucha fachada y muy poca sustancia.
“Me hicieron un curioso escrache en mi despacho. Un día aparecieron unos cuantos separatistas con pancartas en la entrada del edificio en el que tengo mi despacho, que está en el principal. Sin subir, comenzaron a desplegarlas, con mensajes contra mi labor. Entonces, el portero, un hombre con el que tengo una relación extraordinaria, una persona magnífica que estuvo en la Legión, les preguntó que hacían allí. Y contestaron que venían solo a sacar unas fotos».
«Las hicieron, recogieron su material y se fueron. Yo llegué veinte minutos después y no habían dejado nada. Fue el escrache que no fue, básicamente fue una operación de postureo para sacar las imágenes luego en la prensa nacionalista y así intentar amedrentar. Pero ni siquiera esperaron a que yo llegara. Por supuesto, no me di por aludido y seguí con mi trabajo”.
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