Manuel Vázquez Montalbán dijo la chorrada de que el Barça era el “ejército desarmado de Cataluña” y millones de catalanes se lo creyeron. Y no es un “ejército”, porque es una entidad ávida de dinero que no duda en pactar con el Real Madrid para defender sus intereses comunes, y no está “desarmado” porque está protegido por un impresionante aparato mediático y por la estructura institucional de Cataluña.
El Barça se ha revestido de catalanidad, universalidad y otros conceptos que suenan bien en los oídos de muchos ciudadanos para esconder su verdadero objetivo, detentar el monopolio del deporte catalán. Sólo el Espanyol ha resistido este tsunami, y ha conseguido mantenerse en la elite de la Liga, aunque en un lugar secundario con respecto a la que le correspondería por su historia y su potencial social y económico.
No es normal que Cataluña tenga tan pocos clubes de fútbol en la elite en las últimas decadas, y sólo se explica por el ánimo depredador del Barça. Entidades históricas como el Lleida, Sabadell, Júpiter, Europa, Sant Andreu, Nàstic, o Figueres malviven en las categorías inferiores. De vez en cuando tienen un fogonazo y aparecen de nuevo por Primera o Segunda, pero acaban cayendo de nuevo al pozo.
Lo del Girona durará unos años, hasta que la labor de zapa culé acabe con ellos. Ningún club catalán ha podido resistir un largo período en el fútbol profesional salvo el Espanyol, algo que no es normal en una comunidad tan potente económica y deportivamente como Cataluña.
TV3, El Mundo Deportivo, Sport, Catalunya Ràdio, La Vanguardia y El Periódico, y el resto de grandes medios de comunicación catalanes, solo rinden pleitesía al Gran Equipo Nacional, el único que reparte a placer carnets de buenos y malos catalanes: el Barça.
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