Manolo González atraviesa su momento más delicado desde que se sentó en el banquillo perico. El técnico gallego, que hace apenas unas semanas era señalado como el arquitecto de una reacción ilusionante, ha pasado de recibir elogios generalizados a encadenar un pésimo inicio de 2026. Ocho partidos sin conocer la victoria —seis derrotas y dos empates— han frenado en seco el crecimiento de un equipo que parecía haber encontrado rumbo antes del parón invernal.
El contraste con diciembre es muy llamativo. Entonces, el Espanyol competía con energía, presión alta y un fútbol pragmático que le permitió sumar puntos importantes y proyectar estabilidad. Manolo fue nombrado entrenador del mes gracias a un plan que equilibraba solidez defensiva y eficacia en las áreas, dos virtudes que hoy parecen diluidas entre errores individuales y una pérdida evidente de confianza colectiva.
Más allá de los resultados, preocupa la sensación de fragilidad que transmite el equipo. En varios encuentros recientes, el Espanyol ha comenzado con intensidad para diluirse tras el primer golpe rival. El peor inicio de año natural en la historia del club no es un dato menor. La estadística pesa como una losa y amplifica cada fallo, cada balón parado mal defendido y cada oportunidad desperdiciada en ataque.
Sin embargo, sería simplista cargar toda la responsabilidad sobre el entrenador. La plantilla también ha mostrado carencias estructurales. El rendimiento de Omar o Pere Milla ha sido notable, y a Roberto le cuesta horrores marcar. La defensa ha ganado en vulnerabilidad y Cabrera y Calero no han estado a la altura de su gran inicio de campeonato.
El calendario tampoco ha ayudado. Rivales directos y desplazamientos exigentes han coincidido con el peor tramo de juego del equipo. La grada blanquiazul sigue apoyando, pero la paciencia no es infinita, y cada jornada sin victoria aumenta el runrún del descontento.
El reto inmediato para Manolo González es recuperar la esencia que convirtió al Espanyol en un equipo competitivo antes de Navidad: orden, intensidad y fe en un plan reconocible. El fútbol suele ofrecer segundas oportunidades, y de la misma manera que en la temporada de Rubí un buen tramo final clasificó al equipo para la UEFA, ojalá Manolo consiga dar con la misma tecla.
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