La propaganda separatista se introduce, poco a poco, sin que muchos se den cuenta y así se normalizan situaciones que son intolerables. En muchas de las crónicas de la prensa nacional sobre los partidos que el Fútbol Club Barcelona juega en su actual estadio provisional en la montaña de Montjuïc se usa la denominación oficial que impuso el separatismo y sus compañeros de viaje, el «Estadio Olímpico Lluís Companys».
Este error sirve para normalizar una situación anómala. Que el responsable de la muerte de más de ocho mil personas durante la salvaje represión en la retaguardia catalana durante la Guerra Civil sea objeto de tal homenaje es una barbaridad. Porque Companys, como presidente de la Generalitat, fue cómplice de las matanzas que afectaron, sobre todo, a sacerdotes y a catalanes católicos.
Cuando un periodista deportivo, en una crónica del partido o en una retransmisión radiofónica o televisiva, define al «Estadio Olímpico» o «Estadio de Montjuïc» como el «Lluís Companys» está contribuyendo a ensalzar la memoria de uno de los personajes más siniestros de la política española. Que el dictador Francisco Franco lo fusilara no redime las barbaridades que este dirigente de Esquerra Republicana permitió durante su mandato como presidente de la Generalitat.
Para evitar hacer el juego a la propaganda secesionista es mucho mejor utilizar cualquier eufemismo o expresión alternativa a la de «Lluís Companys» para evitar ser cómplice de la glorificación que el separatismo y sus compañeros de viaje han levantado alrededor de uno de los artífices de matanzas siniestras durante la Guerra Civil. Decir «Olímpico» o «Estadio de Montjuïc» es mucho mejor.
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