El Espanyol ha sido especialista en desaprovechar oportunidades para crecer. Cuando llegó la emigración andaluza en la década de los cincuenta y sesenta, que el Barça sí que supo capitalizar, nosotros no supimos atraerles para que se hicieran pericos. Claro está que ellos tenían a Kubala, y nosotros íbamos de conflicto en conflicto interno. Pero perdimos una gran ocasión para dar el salto.
Perder la final de Leverkusen fue duro. Pero deshacer aquel equipo fue un desastre. Para intentar sufragar una deuda que luego se disparó vendimos a nuestras estrellas, y acabamos en el pozo. No aprovechamos el efecto que llevó a que el fútbol español se fijara en aquel ‘Euskoespanyol’ de Javier Clemente, y caímos en una decadencia que acabó con el derribo del viejo estadio de Sarriá después de una agonía que duró varios años.
En el año 2000, con un Barça en crisis, tampoco aprovechamos la euforia generada por el éxito de los actos organizados por nuestro Centenario y por la Copa ganada en Valencia. De hecho, poco después la grada estaba dividida en floristas y antifloristas. No sacamos partido de los conflictos internos que vivió el Barça durante los años de Joan Gaspart en la presidencia.
Siempre nos hemos quejado que no hemos empalmado tres temporadas buenas temporadas seguidas que sirvieran para consolidarnos. Cuando lo conseguimos, con las dos de Lotina (clasificación para la UEFA y campeones de la Copa) y la primera de Valverde (final de la UEFA), que además coincidió tras la final de Glasgow con el Barça de las juergas de Kluivert y Ronaldinho, tampoco supimos aprovechar la racha para dar el salto.
El nuevo estadio nos trajo un notable crecimiento de socios, que poco a poco perdió fuerza por varias temporadas mediocres o desastrosas. Necesitamos una directiva fuerte, que sea respetada por los diferentes estamentos deportivos, sociales y políticos y que tenga un rumbo claro. Chen pudo haberlo sido. Pero ahora tiene a la mayoría de la afición en contra por su gestión errática. Otra oportunidad perdida.
Chen Yansheng podría haber sido la persona que hubiera cambiado la historia de nuestro club, el que hubiera consolidado al Espanyol como un equipo ambicioso, que jugara en Europa con regularidad y que llenara nuestro campo jornada tras jornada. No ha sabido hacerlo, ni él, ni sus colaboradores, y se ha convertido en la enésima decepción de una afición que aspira a más. Aún está a tiempo de cambiar, ojalá lo haga y consiga que el Espanyol crezca todo lo que se merece. Pero lo vemos difícil vista su actuación en los últimos años.
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