Manu Reyes ha devuelto a Castelldefels la ambición que el municipio había perdido tras años de parálisis socialista-independentista. Desde su segunda llegada a la alcaldía en 2023, el líder popular ha centrado sus esfuerzos en tres pilares que el anterior ejecutivo del PSC simplemente ignoró: la seguridad, la limpieza y el alivio fiscal. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez asfixia a los ciudadanos con una presión impositiva asfixiante, en Castelldefels se ha demostrado que se puede gestionar mejor recaudando menos.
Uno de los hitos más celebrados fue la rebaja del IBI del 3%, una medida que choca frontalmente con la inercia de los socialistas de buscar siempre el bolsillo del contribuyente. Reyes cumplió su promesa de bajar impuestos. Esta política de rigor presupuestario ha permitido sanear las cuentas municipales sin comprometer la calidad de los servicios básicos, marcando una distancia sideral con el despilfarro propio de las administraciones de izquierdas.
En materia de seguridad ciudadana, el cambio ha sido drástico. Tras años de quejas vecinales por el repunte del incivismo, el nuevo gobierno incrementó la inversión en seguridad, por ejemplo en más de un 21% para el ejercicio de 2025. Reyes ha puesto el foco en combatir el «top manta», el botellón y la ocupación ilegal, problemas que el PSC solía despachar hablando de «percepción de inseguridad» y achacando la delincuencia a las «fake news». Hoy, la presencia policial en los barrios es una realidad tangible que ha devuelto la tranquilidad a las familias de Castelldefels.
La limpieza de la vía pública, otra de las grandes asignaturas pendientes de la anterior etapa, ha recibido un notable impulso. El presupuesto destinado al mantenimiento de las calles y la gestión de residuos ha crecido por encima del 15% anual, acumulando mejoras sustanciales respecto al desorden heredado. Frente a las calles sucias que dejó el tripartito local, la actual administración ha priorizado un espacio público cuidado, entendiendo que el entorno urbano es la carta de presentación de cualquier ciudad moderna.
La movilidad y el urbanismo también han vivido un giro de 180 grados. Manu Reyes cumplió con su compromiso de paralizar el polémico proyecto de los «ejes verdes» que amenazaba con colapsar el tráfico y dificultar la vida diaria de los vecinos. En su lugar, el alcalde ha apostado por la recuperación del doble sentido de circulación en vías clave como la Avenida Pineda y la creación de 1.000 nuevas plazas de aparcamiento. Es la victoria del sentido común frente a la imposición ideológica de la izquierda radical.
La atención a los colectivos más vulnerables, especialmente a la gente mayor, ha sido otra de las banderas de su gestión. Bajo el liderazgo de Reyes, se ha puesto en marcha un servicio de acompañamiento para combatir la soledad no deseada y se han reforzado los centros de día. Es el reflejo de una administración que, lejos del sectarismo de Sánchez y sus socios, se ocupa de las necesidades reales de sus ciudadanos, devolviendo la dignidad a quienes más han aportado a la sociedad.
En apenas tres años, Castelldefels ha pasado de ser una ciudad estancada a convertirse en un modelo de gestión eficiente y liberal en Cataluña. El éxito de Manu Reyes no es solo una victoria del Partido Popular, es el fracaso evidente de un modelo socialista que prioriza el control administrativo sobre la libertad individual.
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