Cada vez que desde los partidos que gobiernan la Generalitat o sus aliados se ataca al Rey Felipe VI lo refuerza ante los millones de catalanes que consideramos que vivimos en Cataluña en un régimen semidictatorial revestido de formas democráticas, un totalitarismo de baja intensidad que saquea las arcas públicas para dividir a la sociedad en «buenos catalanes» (los separatistas) y «malos» o «no catalanes» (el resto de la población).
Un sistema electoral perverso y el uso del dinero público para manipular a los votantes les da la mayoría parlamentaria una y otra vez, pero nada más. La CUP, Junts y Esquerra utilizan esa mayoría de escaños para intentar sojuzgar a los catalanes no separatistas creando un poderoso aparato de dominación de todos los resortes de la vida social (mundo asociativo, universidades, colegios profesionales, medios de comunicación, etc).
Los partidos separatistas han convertido las escuelas, los ambulatorios, los cuarteles de bomberos o los hospitales en centros propagandísticos ideológicos llenos de lazos amarillos y de proclamas separatistas, y han demostrado su nula voluntad de servir a todos los catalanes.
Por eso, en Cataluña somos legión los monárquicos y no monárquicos que gritamos con orgullo “viva el Rey Felipe VI”. Porque es el último bastión ante la ofensiva de los separatistas y sus aliados populistas que intentan privarnos de nuestros derechos civiles. Ya vimos durante la fase álgida del procés la voluntad de expulsarnos de la vida política, y contra los totalitarios solo cabe plantarles cara democráticamente para vencerles en las urnas.
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