Bianca Kovacs lo bordó en su actuación en Barcelona, en una sala Golem’s abarrotada que se rindió ante el talento de esta humorista que se ha hecho un hueco en el siempre difícil panorama artístico nacional. Este local se ha convertido desde hace años en uno de los templos barceloneses de la comedia y Bianca volvió a conquistarlo.
Podríamos loar su trayectoria, construida desde abajo, o hablar del trabajo duro que lleva practicando desde hace muchos años. O destacar cómo una humorista rumana consigue superar las barreras del lenguaje para enlazar uno tras otro gag en un español más que efectivo.
No. Vamos a dejarnos de leches. A Kovacs hay que elogiarla porque es divertida. Porque el público se desternilla ante su lenguaje directo, sin tapujos, con un humor sin concesiones en el que ningún taco – y hay unos cuantos – está fuera de sitio. Se ha currado un texto que funciona muy bien y que interpreta con gran solvencia.
Al lado mío había un señor mayor que, les juro, temía que se quedara pajarito en el teatro porque se reía con tanta intensidad que sufría por los sonidos que emitía. Pero no fue la excepción, porque las risas eran continuas.
Una pequeña anécdota personal: por un compromiso familiar cedí mi abono del RCD Espanyol, que jugaba a la misma hora en nuestro estadio contra el Real Madrid. Y ganamos (1-0), lo que es algo histórico para un club poco acostumbrado a vencer a los ‘grandes’. Pero no me perdí nada, porque estuve en un gran show.

El sábado 8 de febrero llega el turno, en la misma sala, de su compañera del mítico podcast ‘Odio a la gente’, Carmen Romero, con su espectáculo ‘Chochito‘. Es una cómica maravillosa, pero Bianca Kovacs le ha dejado el listón muy alto.
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