Ahora que se rumorea que Fran Garagarza – algún medio ha dicho que será en pocas semanas – podría dejar la dirección deportiva del RCD Espanyol, dentro de los cambios que podría plantear la nueva propiedad del club, toca hacer balance de su labor, porque su salida del cargo sería injusta. Recordemos cómo la pasada temporada logró armar un equipo con cara y ojos casi a presupuesto cero, y como se mantuvo la categoría estando en la cola de dinero invertido. Ese mérito siempre se le tendrá que reconocer.
El director deportivo perico ha sabido combinar experiencia, conocimiento del mercado y una lectura certera de lo que el club necesitaba en una etapa muy convulsa, sin casi presupuesto para fichajes y con una profunda fractura social entre la afición y los entonces propietarios, Rastar Group. Su elección de Manolo González como técnico, y el haberlo mantenido en momentos difíciles, fue clave para restaurar la confianza entre la grada y el club.
Garagarza, conocido por su gran labor durante más de una década en la SD Eibar, aterrizó en Cornellà-El Prat con una hoja de ruta clara: reconstruir desde la solidez, apostar por un vestuario comprometido y armar un proyecto que pusiera las bases de una estabilidad deportiva duradera. Una de sus grandes virtudes ha sido la gestión silenciosa y eficaz del mercado de fichajes.
Sin grandes alardes mediáticos, Garagarza construyó un equipo equilibrado, con jugadores que entendían el reto del ascenso, hace dos años, y la permanencia, la temporada pasada. El haber conseguido incorporar a joyas como Kumbulla, Urko, Roberto Fernández o Carlos Romero, fue clave para conseguir mantener la categoría. Además, ha sabido confiar en el talento de la cantera, una de las joyas históricas del Espanyol.
Futbolistas como Jofre Carreras, Omar El Hilali o Joan García han tenido mucho protagonismo y oportunidades reales gracias a la apuesta que Manolo González y Garagarza hicieron. Los veinticinco millones que el club ingresó por el guardameta son, en parte, mérito de los dos. En lo institucional, el director deportivo ha sabido construir puentes entre el área técnica, el cuerpo técnico y la directiva.
Su carácter prudente, pero firme, le ha permitido ganarse el respeto tanto dentro del club como fuera, en un entorno mediático muchas veces exigente y poco paciente. Este año está consiguiendo armar un proyecto que ilusiona, tras la renovación de Javi Puado, la vuelta de Roberto Fernández y Carlos Romero y la llegada a la portería de un solvente Dmitrovic, entre otros fichajes. Su continuidad da más garantías que algunos de los nombres que suenan para sustituirle, y que producen más pavor que otra cosa.
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