La llegada de Alan Pace al RCD Espanyol ha devuelto la ilusión a la afición del Espanyol. El empresario estadounidense ha tomado el control del club con un discurso ambicioso y la promesa de “honrar la historia” de la entidad blanquiazul. Habla de crecimiento, de una mentalidad ganadora y de optar a mayores cotas. Sin embargo, entre los seguidores pericos se impone también un sentimiento de cautela. Ya saben lo que es ilusionarse demasiado pronto.
El recuerdo de Chen Yansheng sigue muy presente. El empresario chino aterrizó en 2016 con promesas similares: convertir al Espanyol en un club que jugara habitualmente en Europa y situarlo entre los grandes. Su etapa acabó dejando decepción, distanciamiento y una gestión irregular que culminó en dos descensos. La confianza se rompió, y reconstruirla no será fácil. Por eso, muchos prefieren ahora esperar hechos antes que palabras.
Alan Pace llega con una hoja de ruta distinta. Su grupo, Velocity Sport Partners, ya gestiona al Burnley inglés y apuesta por la profesionalización, la eficiencia y el trabajo en red. En su presentación, Pace habló de construir un Espanyol fuerte, estable y capaz de aspirar a Europa. Son palabras que invitan al optimismo, aunque la realidad del fútbol español exige prudencia: competir con los grandes no depende solo del dinero, sino de la constancia, el acierto y la gestión.
El Espanyol necesita consolidar su presencia en Primera tras los altibajos de las últimas temporadas, cumplir con el control financiero de LaLiga y reforzar una plantilla muy irregular en las últimas temporadas. Pace ha insistido en que no se trata de gastar por gastar, sino de invertir con inteligencia. Una promesa que, si se cumple, podría marcar la diferencia.
En el terreno deportivo, la prioridad es clara: estabilidad. La afición quiere ver un equipo competitivo, con una plantilla comprometida y una dirección deportiva que sepa acertar. Fran Garagarza parece intocable tras los aciertos durante su gestión, que permitió conseguir los objetivos: ascenso y permanencia. La cantera, uno de los pilares históricos del club, debería volver a tener protagonismo. La ilusión existe, pero todos saben que los proyectos sólidos no se construyen de la noche a la mañana.
La estrategia internacional de Alan Pace también genera debate. Su experiencia en el fútbol inglés y su modelo multiclub podrían aportar sinergias, pero algunos temen que el Espanyol pierda parte de su identidad. El club blanquiazul siempre ha sido más que un equipo: es sentimiento, historia y pertenencia. Mantener esa esencia será clave para que el nuevo proyecto conecte con la afición.
Por ahora, las primeras señales son positivas. Pace ha mostrado cercanía, ha visitado las instalaciones, se ha reunido con capitanes y ha transmitido respeto por la cultura perica. Son gestos que suman, aunque el verdadero examen llegará con los resultados. Los aficionados del Espanyol no piden milagros, sino coherencia, trabajo y compromiso.
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