Mientras discutimos sobre si Manolo González nos gusta o no nos gusta, ya estamos a dos puntos del descenso y con un visitante de los que nunca te ponen las cosas fáciles. A estas alturas de la temporada, ya estamos con los partidos decisivos contra rivales complicados, lo que indica que algo falla en la planificación de este club, que sigue inmerso en la condición de equipo ascensor, por mucho que llenemos las gradas. La ilusión de la afición es enorme, pero no puede servir para tapar las carencias de un proyecto deportivo que debería aspirar a mucho más que a sufrir cada temporada.
Ahora toca atarse los machos contra el Atlético de Madrid, porque no podemos permitirnos más tropiezos en esta continua lucha perica por no acabar en el pozo. Hay que competir, dar la cara y demostrar que este equipo tiene recursos suficientes para sacar adelante los partidos que marcan el rumbo de una temporada. La afición está cumpliendo con creces, como demuestra su presencia masiva en el estadio, y ahora les toca a los jugadores responder sobre el césped. No podemos vivir permanentemente con la calculadora en la mano ni afrontar cada jornada con el miedo a que un mal resultado nos complique todavía más la clasificación.
Es una pena que esos miles y miles de personas que en los últimos años se han apuntado al sentimiento blanquiazul y que llenan nuestras gradas no puedan disfrutar de una buena temporada. Y digo una buena temporada, no media temporada como la pasada, para así poder fidelizarlos para siempre. Porque el Espanyol tiene una afición que merece mucho más que celebrar unas cuantas victorias durante unos meses y acabar sufriendo cuando llega el tramo decisivo del campeonato. Si queremos consolidar el crecimiento social del club, necesitamos ofrecer a los nuevos aficionados motivos deportivos para quedarse, ilusionarse y sentirse orgullosos de su equipo.
Algún día conseguiremos encadenar tres temporadas buenas seguidas y lograremos que el club pueda despegar. Esa continuidad es fundamental para dejar atrás, de una vez por todas, la etiqueta de equipo ascensor y empezar a construir un Espanyol estable, ambicioso y capaz de mirar hacia arriba sin que el descenso aparezca constantemente en el horizonte. No se trata de exigir que estemos siempre en Europa ni de reclamar fichajes imposibles, sino de tener un proyecto coherente, una planificación deportiva acertada y la sensación de que cada año damos un paso adelante en lugar de volver a empezar desde cero.
De momento, solo nos queda esperar que Pace no empeore a Chen, porque Chen al menos ponía dinero, aunque muchas veces no entendiéramos su gestión. Con el anterior propietario podíamos discutir las decisiones deportivas, cuestionar la falta de rumbo o criticar determinados errores, pero existía una aportación económica que permitía mantener cierta esperanza. Ahora, la sensación es que seguimos sin entender hacia dónde va el proyecto y tampoco vemos una apuesta económica que permita pensar en un salto de calidad.
Es una pena ir para atrás como los cangrejos, y solo espero que la nueva propiedad, con sus actos, me obligue a desmentir mis opiniones. Ojalá llegue el día en que podamos hablar de fichajes ilusionantes, de objetivos ambiciosos y de un equipo que no tenga que mirar constantemente hacia abajo. Sería una magnífica noticia para todos los pericos y demostraría que el club ha encontrado, por fin, el camino adecuado. De momento, no tengo motivos para ello, pero estaré encantado de rectificar si los hechos me demuestran que estaba equivocado.
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