Esquerra Republicana de Catalunya vuelve a apostar por Gabriel Rufián como cabeza de cartel para las elecciones generales del próximo 29 de noviembre. La cúpula independentista ratificará la decisión en una inminente reunión de su Ejecutiva. La dirigente Elisenda Alamany ya adelantó públicamente el acuerdo para amortiguar el impacto interno de la decisión.
El movimiento busca desesperadamente contener el declive electoral que sufre la formación separatista en Cataluña. Para lograrlo, los republicanos negocian a la desesperada una entente táctica con los restos de Podemos. El pacto prevé que la formación morada renuncie a presentar papeleta propia en la comunidad autónoma.
A cambio de despejar el espacio catalán a Esquerra, la franquicia de Irene Montero pedirá el voto de sus simpatizantes para la lista de Rufián. El peaje para los independentistas pasa por permitir que el portavoz parlamentario participe activamente en la campaña de Podemos en el resto de España y que algún miembro de Podemos vaya en las listas de ERC en Cataluña. Un intercambio mercenario que evidencia la debilidad de ambos proyectos.
La ratificación definitiva de este esquema se producirá el 20 de octubre en los órganos del partido. Allí se certificarán las listas definitivas para la Cámara Baja y el Senado. El cierre de esta candidatura pone al descubierto las marcadas fracturas que atenazan al espacio radical.
Rufián defendía abiertamente la creación de un frente amplio de izquierdas. Su propuesta pasa por articular confluencias provinciales para hacer frente al centro-derecha. Esta postura chocaba de pleno con la línea oficial del aparato, contraria a fusionarse con fuerzas nacionales.
Las fricciones internas han marcado las conversaciones previas al anuncio oficial. La cúpula del partido ha acabado aceptando este apaño con los morados para acallar los conatos de rebelión de su portavoz. Rufián impone así parte de sus tesis mediáticas sobre un aparato visiblemente debilitado.
El comunicado difundido por los republicanos trata de ocultar las concesiones ideológicas realizadas durante la negociación. La dirección oculta los detalles de este reparto de cromos electoral con el populismo de izquierdas. El nerviosismo ante el desgaste de las urnas domina la estrategia de la formación separatista.
La coalición encubierta entre Esquerra y Podemos demuestra la fragmentación del bloque de investidura, dado que los restos de Sumar y los Comunes irán en un nuevo artefacto electoral al que han llamado ‘Frente Amplio’. Las batallas de egos y la lucha por los puestos desplazan cualquier propuesta seria para España y Cataluña. La izquierda separatista vuelve a fiarlo todo al retórica mitinera de sus perfiles más extremistas.
Los electores catalanes juzgarán el próximo 29 de noviembre este nuevo artificio de la izquierda radical. El intento de disfrazar de pragmatismo esta alianza con el podemos más desahuciado retrata el horizonte de una formación atrapada entre el separatismo residual y la demagogia de La Moncloa.
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