Reconozco que Omar me tiene despistado. Tras un inicio fulgurante en nuestro club —en el que se convirtió en internacional absoluto por Marruecos y en uno de los laterales más codiciados por las grandes ligas—, su impacto pasó a un segundo plano que nunca llegué a comprender del todo. Aquel nivel inicial, marcado por su calidad, su capacidad de lucha y su indiscutible desparpajo, se fue diluyendo de manera progresiva sobre el césped.
Sin embargo, este curso estamos volviendo a disfrutar de su versión más reconocible. El defensa nos recuerda otra vez a ese jugador aguerrido que llegó a ser la pesadilla de los extremos rivales. Lo necesitamos no solo por el desborde y la seguridad que aporta sobre el verde, sino también por su condición de estandarte de nuestra cantera. Su ejemplo demuestra que los jóvenes talentos que aspiran a triunfar en el fútbol profesional tienen en el RCD Espanyol una alternativa inmejorable, capaces de competir y resistir con la blanquiazul sin necesidad de ceder ante los cantos de sirena de clubes con mayor músculo financiero.
Al tratarse de un chico de L’Hospitalet, el triunfo de Omar trasciende el éxito deportivo individual. Su trayectoria es la prueba más evidente de que la cantera perica funciona como ese necesario ascensor social, un imán capaz de atraer el talento futbolístico de toda Cataluña. Tenemos una estructura de fútbol base excelente, y cuanto más jugadores como Omar, Javi Hernández o Fortuño consoliden su salto a la élite, más fácil será la labor de nuestros ojeadores para convencer a los jóvenes con proyección de apostar por nuestra entidad.
Ojalá Omar vuelva a enfundarse la camiseta de la selección marroquí y deslumbre a medio planeta con sus actuaciones. Si ese crecimiento imparable acaba derivando en una salida rumbo a un club de mayor potencial económico, solo cabe pedirle que actúe con la elegancia que merece nuestra institución, evitando episodios recientes como el de Joan García, demostrando respeto por los colores y dejando una compensación económica justa en nuestras arcas para seguir avanzando.
Los pericos sabremos valorar los buenos momentos que nos ha regalado defendiendo este escudo y le agradeceremos que su traspaso impulse el proyecto del club. Y si decide quedarse y colgar las botas defendiendo nuestra camiseta dándolo todo hasta el final, no cabe duda de que le levantaremos un monumento y lo que haga falta.
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