
Como lo leen. Yo ni olvido ni perdono lo que nos han hecho, nos hacen y nos harán pasar los separatistas y sus cómplices. Ni quiero ni puedo olvidar lo que hemos vivido durante todos estos años, y desde luego no les perdonaré jamás las terribles consecuencias de sus actos.
No me es posible olvidar el recibimiento a base de pitos y abucheos en mis tomas de posesión como concejal y diputada provincial. Ni todas las veces en que eso se repitió en el salón de plenos cuando me opuse firmemente a todas las mociones que implicaban reconocimientos a imaginarias naciones milenarias, sometimientos a monolíticas concepciones de una sociedad, una lengua, un pensamiento único, a las reivindicaciones de impunidad para cometer delitos u homenajes a presuntos héroes de la patria catalana.
No pienso olvidar cuando difundieron por redes sociales las caras de aquellos concejales que nos opusimos a la cesión de dependencias municipales para el ilegal acto del 1 de octubre, pidiendo nuestro señalamiento. Ni las largas horas pasadas en el despacho del Ayuntamiento velando para que la bandera de España no fuera descolgada por parte de los concejales separatistas, cosa que consiguieron en dos ocasiones a lo largo de ocho años. Siempre guardaré en mi memoria cómo tuve que esperar hasta altas horas de la noche para volver a mi casa porque me negué en redondo a salir por la puerta de atrás del consistorio estando la principal bloqueada por manifestantes. Ni olvidaré las palabras de la policía local rogándome que no saliera por ella porque se veían incapaces de garantizar mi seguridad frente a la muchedumbre.
No perdono las quemas de contenedores y quioscos de la Once, las puertas de edificios públicos en llamas, los adoquines arrancados y lanzados contra edificios oficiales como el Ayuntamiento o la subdelegación del Gobierno y las agresiones a nuestra Policía local. No perdono que ensuciasen la fachada del Ayuntamiento y los escaparates de los comercios con carteles pegados en lo que llamaron “la Gran Empaperada”. Supongo que los Mossos tampoco, tras ver cómo les dejaron los vehículos.

No perdono el uso de niños y ancianos como carne de cañón frente a posibles actuaciones policiales, ni la plaga amarilla que servía para delatar a los que nos negábamos a llevar el lazo. No perdono los insultos, las pedradas, las amenazas ni el acoso a las familias o amigos. Y no perdono a los que decían ser amigos y se apuntaron rápido a participar de todo ello.
No perdono al energúmeno que me gritó en un bar que la DUI no se había llevado a cabo por mi culpa, ni a los cafres que me increparon cuando la Guardia Civil cumplió las órdenes judiciales de traslado de las obras de Sijena. Ni a los que me amenazaron por tantas vías. Y no olvidaré jamás cómo la Policía local, la Guardia Civil y la Policía Nacional nos defendieron en aquellos aciagos días y, en mi caso particular, siempre, siempre, siempre, agradeceré que me protegieran como lo hicieron.
No. Ni olvido, ni perdón. Y por eso acudiré el día 8 de octubre a Barcelona. Porque me opongo a que se olvide lo que hicieron gracias a una ley de amnistía o de olvido penal, llámenle como quieran. Porque me opuse, y me opongo a que se les perdone mediante indultos y a que no cumplan sus condenas. Y porque me opongo a referéndums, consultas o milongas de autodeterminación como si España fuera una república bananera y dictatorial. Porque España no es un estado opresor, y porque hay que combatir el relato que venden de que todos los catalanes somos separatistas. Porque hay que salir con la cabeza muy alta, con paso firme y voz clara para decir no, porque eso es lo correcto.

Y si quieren uds. ir desde Lérida y no saben cómo hacerlo o quieren estar acompañados, los muchachos de S’ha Acabat! montan un autocar. Anímense, llenemos las calles de Barcelona una vez más. Nos jugamos mucho, y esta vez puede ser aún peor ya que nos gobierna gente sin escrúpulos. Salgamos a decírselo.
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