El desmantelamiento completo del asentamiento chabolista de la playa del Trampolín en Ceuta no ha puesto fin a la crisis migratoria que afecta a la ciudad autónoma. Tras más de dos meses de ocupación por miles de invasores marroquís y subsaharianos, el vaciado de la franja costera ha dado paso a una nueva fase marcada por la ocultación de los inmigrantes en el tejido urbano.
Así lo ha advertido el Sindicato Unificado de Policía (SUP) en una información recogida por El Faro de Ceuta, que alerta de un escenario todavía más complejo para los operativos de seguridad. La desaparición visible del campamento ha trasladado el problema hacia el interior de los barrios, los montes y las viviendas particulares. Según la organización sindical, la prioridad actual de muchos de los extranjeros indocumentados es evitar su identificación por parte de las autoridades. Esta circunstancia acelera una dispersión que multiplica los frentes de actuación para los agentes destinados en la zona.
Entre las principales amenazas detectadas figura la proliferación de aproximadamente un centenar de posibles pisos patera. Estos inmuebles albergan a numerosos ciudadanos procedentes del campamento desmantelado, según los datos que manejan los representantes policiales. Sin embargo, la intervención en este tipo de alojamientos se enfrenta a importantes obstáculos legales y operativos. Al tratarse de domicilios particulares, la legislación vigente exige una labor previa de investigación y la obtención de una autorización judicial expresa para poder acceder a su interior.
El SUP subraya que el hecho de que la costa haya quedado limpia de infraviviendas no equivale a una solución definitiva del problema. Simplemente, la situación se ha vuelto menos evidente para la opinión pública, incrementando al mismo tiempo la dificultad técnica de las labores de control. Ante este panorama, el sindicato reclama que se mantenga una alta capacidad operativa. Los efectivos policiales deben prevenir de manera constante la formación de nuevos asentamientos y estar preparados para reaccionar ante posibles entradas masivas futuras.
A las dificultades propias de la labor policial se suma una grave deficiencia en la logística institucional. El SUP ha denunciado de forma pública la falta de recursos habitacionales suficientes para albergar a los contingentes de refuerzo desplazados a la ciudad. La escasez de alojamiento llegó a ser tan crítica durante los momentos de mayor presión operativa que varios agentes tuvieron que pernoctar en instalaciones militares. Esta solución temporal fue posible gracias a la cesión solidaria de camas y camarotes por parte de miembros de las Fuerzas Armadas.
Con este cúmulo de factores, las fuerzas de seguridad afrontan un escenario operativo altamente exigente en Ceuta, donde la presión migratoria evoluciona hacia nuevas formas de ocultación mientras persisten las carencias logísticas básicas para la plantilla.
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