La cúpula del Partido de los Socialistas de Cataluña ha comparecido este lunes para valorar los graves altercados registrados el pasado sábado en el centro de Barcelona. Lejos de asumir responsabilidades políticas por la falta de control que permitió una batalla campal con 130 detenidos, la formación ha optado por señalar directamente a la ultraderecha como la única instigadora de la violencia en las calles. La viceprimera secretaria de la formación, Lluïsa Moret, ha defendido con firmeza la gestión llevada a cabo tanto por el Govern de la Generalitat como por el Ayuntamiento de Barcelona. Según el relato socialista, la actuación policial fue impecable y eficaz, minimizando así el impacto real de unos destrozos que han dejado una profunda sensación de inseguridad entre los comerciantes y los vecinos de la capital catalana.
Durante su intervención ante los medios, Moret ha insistido en que son los partidos situados a la derecha del tablero los que obtienen rédito político de estos episodios de vandalismo urbano. Ha reprochado a estas formaciones que hayan salido a lamentar públicamente los daños mientras, a su juicio, llevan años sembrando discursos de confrontación y desesperanza. Para la dirigente socialista, la radicalización en las calles no es más que el resultado directo de la labor de agitación que se promueve desde determinados sectores políticos en las redes sociales. Con este argumento, el socialismo catalán intenta sacudirse cualquier sombra de sospecha sobre la creciente pérdida de orden público en Cataluña, un problema estructural que las formaciones progresistas prefieren achacar a factores externos antes que a sus propias políticas de seguridad.
El balance de los disturbios arroja una cifra preocupante que incluye a más de setenta menores de edad arrestados durante la noche del sábado. Ante esta alarmante realidad, la número dos del PSC ha trasladado toda la responsabilidad penal y civil directamente al ámbito familiar, exigiendo que los padres respondan por la conducta violenta de sus hijos. Si bien la exigencia de responsabilidad familiar es incuestionable, resulta llamativo que el partido que sustenta al Ejecutivo catalán eluda por completo analizar el fracaso de las políticas de integración y prevención juvenil en los barrios. La degradación del espacio público y la pérdida del principio de autoridad se intentan resolver ahora con un mero recordatorio de las obligaciones parentales, olvidando la labor que las administraciones públicas deberían desempeñar en materia de cohesión social.
La respuesta del bloque socialista ante las exigencias de la oposición ha sido un rechazo rotundo a la rendición de cuentas en la Cámara catalana. Tanto Junts como el Partido Popular y ERC han reclamado la comparecencia urgente de la consellera de Interior, Núria Parlon, para esclarecer fallos operativos y ofrecer luz sobre la magnitud de los altercados. Sin embargo, Moret ha zanjado la cuestión asegurando que las explicaciones ya se han ofrecido de forma constante y que será la propia consellera quien decida si acude o no al Parlament. Esta negativa a dar la cara en sede parlamentaria evidencia una preocupante falta de transparencia institucional y un escaso respeto por los mecanismos de control democrático que deben imperar en cualquier democracia avanzada cuando la seguridad ciudadana colapsa.
La estrategia del PSC vuelve a poner de manifiesto la incapacidad de la izquierda para afrontar los problemas reales de delincuencia e incivismo sin recurrir a trincheras ideológicas. Al criminalizar de forma sistemática a la oposición y blindar a sus cargos públicos frente a las peticiones de explicaciones, el Govern demuestra una preocupante desconexión con el malestar ciudadano. Los barceloneses exigen soluciones firmes, calles seguras y gobernantes dispuestos a asumir el desgaste de sus cargos, no cortinas de humo destinadas a desviar la atención. Mientras la Generalitat siga instalada en la autocomplacencia y en la búsqueda de chivos expiatorios, la estabilidad y la convivencia en Cataluña seguirán pendiendo de un hilo muy frágil.
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