Voy a presentarme a las próximas elecciones generales. Quiero ser vuestra candidata y quiero serlo con unas primarias abiertas en las que pueda votar, no solo la gente de Podemos, sino todo el mundo y en las que pueda presentarse cualquier persona.
📽 @IreneMontero pic.twitter.com/MuLV7ltFpa
— Podemos (@PODEMOS) September 12, 2026
La exministra de Igualdad y actual eurodiputada de Podemos, Irene Montero, ha decidido acelerar los tiempos políticos de su formación. Durante un acto celebrado este sábado en Madrid bajo el lema de paz, casa y trabajo, ha confirmado su firme intención de concurrir a las próximas elecciones generales.
Lejos de conformarse con un liderazgo interno ordinario, la dirigente morada ha planteado un órdago en toda regla a sus antiguos socios de Sumar. Su propuesta consiste en celebrar unas primarias abiertas a cualquier ciudadano, tanto para ejercer el derecho al voto como para presentar candidaturas alternativas.
Este movimiento estratégico busca arrastrar a todo el espacio político situado a la izquierda del Partido Socialista a una competición directa. De este modo, Podemos intenta recuperar la iniciativa perdida y colocarse de nuevo en el centro del tablero de la izquierda alternativa.
La trampa política diseñada por Montero deja a Sumar en una posición sumamente delicada. Si Ernest Urtasun y su formación aceptan el reto de unas primarias conjuntas, la maquinaria de los morados, altamente movilizada, partirá con clara ventaja táctica. En caso contrario, el rechazo a este proceso abierto servirá como munición dialéctica para que Podemos los acuse de boicotear la ansiada unidad progresista. Es una jugada de ajedrez pensada para capitalizar el desgaste de un espacio que no levanta cabeza.
Las costuras de esta coalición artificial ya sufrieron una fractura irreparable a finales de 2023. Aquella salida abrupta del grupo parlamentario de Sumar evidenció las profundas discrepancias y la lucha encarnizada por el control político que mantienen ambos sectores. Desde entonces, la estrategia de los morados se ha cimentado en una oposición frontal a la tutela del Partido Socialista. Reclaman una izquierda teóricamente fuerte e independiente, aunque en la práctica sus recurrentes disputas internas solo reflejan la debilidad de su proyecto.
Antes de decantarse por esta vía, la cúpula de Podemos flirteó incluso con la idea de tejer alianzas transversales con el independentismo catalán. Las puertas abiertas a un hipotético tándem con Gabriel Rufián demostraron el pragmatismo sin complejos de una formación dispuesta a cualquier alianza táctica.
Sin embargo, aquella vía con Esquerra Republicana quedó rápidamente en agua de borrajas, obligando a los morados a replantear su estrategia electoral. Ahora, Montero muta su perfil para intentar encarnar simultáneamente las siglas de su partido y una pretendida representación global de la izquierda radical.
Por el momento, la maniobra carece de cualquier aval o acuerdo formal con el resto de formaciones integradas en Sumar, Izquierda Unida o Más Madrid. La izquierda española vuelve a tropezar así con sus eternas divisiones endémicas, demostrando que su principal preocupación sigue siendo la batalla por el poder orgánico.
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