Está claro que no es lo mismo una política de apoyos mutuos que gobernar juntos, de ahí que ERC haya podido facilitar la investidura de Salvador Illa sin entrar de manera explícita en su Govern. Esquerra tiene miembros soterrados en el Consell Executiu – Francesc Xavier Vila en Política Lingüística y Sonia Hernández en Cultura -, pero no ha cerrado un pacto de gobierno ‘fetén’.
El hecho que Esquerra esté a la puerta de un Congreso no facilita la creación del segundo tripartito, pero el principal motivo es que sus dirigentes no pueden pasar de acusar al PSC de ser «los del 155» a compartir el control de la administración fetiche de los separatistas, la Generalitat. No es lo mismo apoyar a Sánchez en el Congreso que cambiar la memoria de Francesc Macià o Lluís Companys – los mitos de ERC – por la del líder del PSC, compartiendo el Govern.
El primer tripartito, el de Pasqual Maragall, Josep-Lluís Carod-Rovira y Joan Saura, se cocinó a fuego lento en el poder local, desde Igualada hasta Barcelona, hasta que llegó el momento que el pacto para destronar a la CiU post-Pujol estaba maduro. El segundo tripartito ya está en la cazuela de las tres diputaciones que PSC y ERC controlan juntos. Y, cuando pase el Congreso de ERC, lo normal es que los republicanos se incorporen al gobierno municipal de Barcelona y sean la muleta de Jaume Collboni.
Así, pacto a pacto local, irán arrinconando a Junts y se normalizará lo que ya era normal antes del inicio del ‘procés’: los acuerdos continuos entre PSC, Esquerra y el espacio postcomunista representado en su momento por Iniciativa y en la actualidad por los Comunes. El 1 de octubre y el 155 alejó a ambas formaciones, pero los acuerdos en el Congreso que tejió Gabriel Rufián, siguiendo los dictados de Junqueras, recosieron las heridas.
La ‘fraternidad republicana’ que predica el ex diputado de ERC en el Congreso Joan Tardà para que el separatismo se normalice entre el electorado izquierdista que hasta ahora veía la secesión como algo no deseable, es la estrategia de Oriol Junqueras. Que, no olvidemos, tiene muchos números para ser el nuevo líder de Esquerra. Y los ‘roviristas’, que no siguen esta estrategia, tienen demasiados cargos por colocar para no plantearse a medio plazo el pacto con Illa.
Junqueras ha dicho que si gana ERC no entrará en el gobierno de la Generalitat. Pero no ha dicho nada de la Barcelona de Collboni. En unos meses, tal vez en año y pico, el líder de ERC, sea Junqueras o el otro favorito – el ‘rovirista’ Xavier Godàs -, cuando la militancia se haya acostumbrado a la confluencia de socialistas y republicanos en los gobiernos locales – diputaciones y ayuntamientos, sobre todo el de la capital catalana – llegará la entrada de Esquerra en el Govern de Illa. ¿Los Comunes? Cuando entre ERC tardarán cinco segundos en dar el ‘sí’, como ha pasado siempre con la izquierda radical-pesebrista que representan.
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