Cualquier cosa puede pasar en Cataluña porque es una tierra sin ley. Cuando la palabra mágica del os que gobiernan la Generalitat o el Ayuntamiento de Barcelona es “desobediencia” no puede extrañar que periódicamente se provoquen altercados y graves disturbios. Si Colau y Aragonès venden que España es como una República bananera, es normal que muchos no acaten las leyes democráticas que rigen en nuestro país.
Cuando se instala en una sociedad el convencimiento de que no hay que cumplir las normas que no nos gustan o no nos convienen, como predican Oriol Junqueras, Carles Puigdemont o Ada Colau, el recurso a lanzar piedras a la policía o quemar cajeros automáticos es el siguiente paso.
En Cataluña la ley la hacen los violentos, porque son los violentos los que deciden la mayoría que gobierna en la Generalitat, y porque los apóstoles de la desobediencia dictan qué normas se cumplen y cuáles no. En este contexto de violencia, que se quemen oficinas bancarias o se señalen a líderes de la oposición es casi un hecho obligado.
Antes de que nos demos cuenta veremos a radicales separatistas entrando en los hospitales en los que estén ingresados policías heridos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para acabar de rematarles (sería el paso lógico tras negarles durante meses las vacunas a los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional).
O directamente veremos a médicos afectos a la ‘causa’ que ejercerán la objeción de conciencia y se negarán a atender a los agentes lesionados de la Guardia Civil o la Policía Nacional. El fanatismo separatista se está extendiendo y ha conseguido que la convivencia haya saltado por los aires.
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.


















