España se encuentra a las puertas de un momento decisivo. La convocatoria de las próximas elecciones generales representa mucho más que una cita con las urnas: es la gran oportunidad para que el constitucionalismo abra un periodo de reconstrucción nacional, devuelva la estabilidad a las instituciones y ponga fin a ocho años de profunda degradación política, social y económica. España necesita un vuelco, y no es una apreciación ideológica, sino una demanda democrática.
El sanchismo ha generado, como es lógico, una ola de rechazo al Partido Socialista no solo por el terrible impacto de sus políticas —que en muchos ámbitos han perjudicado principalmente a la clase trabajadora— sino también por la nociva figura de un presidente para el que su propia supervivencia ha estado siempre por encima de la más mínima noción de interés general.
En términos objetivos, el PSOE llega al 29N con un lamentable bagaje: no ha sido capaz de aprobar un solo presupuesto durante la última legislatura, ha consentido la invasión de nuestras fronteras —se fue de vacaciones un mes, dejando abandonados a los ceutíes—, ha degradado servicios públicos e infraestructuras mientras colocaba a prostitutas en organismos públicos, tiene condenados o imputados a los que han sido sus más estrechos colaboradores y buena parte de su propia familia está de corrupción hasta el cuello.
En las últimas semanas estamos conociendo informaciones que apuntan a una cloaca socialista que habría pedido a una banda de sicarios que mataran a la juez Biedma, que instruye la causa del hermano del presidente del Gobierno. Y, por si esto fuera poco, los socialistas han intentado colar una «ley de nietos» por la que, con la apariencia de una reparación democrática, se ha intentado inflar el censo con fines partidistas. Son solo algunos ejemplos, y cualquiera de ellos por sí solo sería motivo más que suficiente para hacer caer un gobierno.
Los socialistas han planteado estas elecciones como un plebiscito sobre la vivienda. O democracia o buitres, gritan. La realidad dice que desde que Sánchez es presidente del Gobierno se han ejecutado 272.000 desahucios, unos 100 cada día. En este periodo, según el portal Idealista, el alquiler se ha encarecido un 45,7% y la compra, casi un 70%. En lugar de liberar suelo y simplificar burocracia para estimular y agilizar la construcción masiva de viviendas —que es lo que precisamente propone el Partido Popular—, el PSOE ha preferido explotar electoralmente la muerte de una anciana desahuciada en cumplimiento de una ley del propio PSOE. Y por si fuera poco, estos días hemos sabido que el marido de su portavoz, Montse Mínguez —otra gran aportación del PSC—, tiene un fondo inmobiliario de 30 pisos y dos sociedades en Panamá. Cabe preguntarse, por tanto, quiénes son los verdaderos buitres.
Los españoles, con independencia de nuestra ideología o de lo que hayamos votado en elecciones pasadas, tenemos motivos más que de sobra para dar carpetazo a esta onerosa etapa y abrir un tiempo nuevo para, como bien ha dicho Cayetana Álvarez de Toledo, «limpiar, derogar y reconstruir». Y yo diría que los catalanes tenemos aún más razones para impulsar el cambio, pues en nombre de Cataluña se ha fraguado una siniestra alianza entre los socialistas y los separatistas que lejos de beneficiar a nuestra región la ha sumido en una gravísima crisis de inseguridad y deterioro de los servicios públicos más elementales.
Cataluña no necesita más confrontación ni relatos: necesita certezas, inversiones, seguridad jurídica y un dinamismo económico que devuelva a nuestras ciudades el impulso perdido. El proyecto de país que abandera el Partido Popular, liderado por Alberto Núñez Feijóo, encarna los valores fundamentales que hacen prosperar a las sociedades abiertas: la libertad individual, la economía de mercado, la seguridad y el buen funcionamiento de las instituciones. Queremos reivindicar, con orgullo y sin complejos, la España del mérito, de la capacidad y de la solidaridad interterritorial. Porque, sin la menor duda, lo que es bueno para nuestro país, es bueno para Cataluña.
Para hacer realidad este cambio histórico es la hora de ser pragmáticos, valientes y generosos. Desde el Partido Popular entendemos que existe un mandato claro por parte de millones de españoles que exigen superar la etapa actual. Ya seamos liberales, conservadores, socialdemócratas, democristianos, nos une la firme voluntad de abrir un nuevo tiempo de prosperidad en España, de proteger nuestra Constitución en lugar de pactar con sus enemigos, y de imponer unos estándares de regeneración moral y de lucha contra la corrupción. La suma de voluntades constitucionalistas no es solo una opción estratégica, es una responsabilidad histórica hacia los ciudadanos.
Miramos al futuro con un optimismo renovado. Sin bajar la guardia y trabajando, cada cual desde su lugar. Cataluña sale ganando cuando España funciona, cuando las instituciones son respetadas y cuando los gobiernos se dedican a resolver los problemas reales en lugar de crearlos. En el Partido Popular estamos preparados para liderar ese cambio tranquilo pero firme, positivo y esperanzador, que devuelva a los españoles la confianza en nuestras instituciones, traicionada tantas veces por el PSC y el PSOE. Que restaure la seguridad en nuestras calles, que genere más y mejores oportunidades de emprendimiento y empleo. Que construya y reconstruya. Que derribe el muro de división social levantado deliberadamente por los socialistas y los separatistas. Un cambio que, en definitiva, consolide un futuro de libertad para todos. Ha llegado el momento. Por fin.
Manuel Casado. Presidente PP Cornellà
NOTA: elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.

















