
El pasado miércoles 30 de octubre tenía lugar en Montserrat un macroencuentro del clero catalán, coincidiendo con el Milenario de la abadía benedictina. La eucaristía la presidió, como no, el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, que ejerció de presidente de la Conferencia Episcopal Tarraconense. Más de 500 sacerdotes, diáconos y seminaristas, en esta especie de aquelarre nacionalista, llenaron la basílica de Montserrat con la presidencia de todos los obispos catalanes y con el abad de Montserrat como anfitrión.
El arzobispo Planellas subrayó que con estos encuentros “mantenemos la convicción de la unidad pastoral de las diócesis con sede en Cataluña”. Además, las ha referenciado al documento “Raíces cristianas de Cataluña”, al Concilio Provincial Tarraconense y en el texto que también firmaron los obispos catalanes “Al servei del nostre poble”.
Planellas ha recordado que este en todos estos textos “se daba fe de la realidad nacional de Cataluña, abordada a lo largo de mil años de historia”. Ha reivindicado «la unidad pastoral de Cataluña», en la idea de que es imprescindible que las diócesis con sede en Cataluña tengan una dinámica conjunta para responder al “perfil propio del país” y a la proyección en la sociedad catalana.
Dentro de sus prioridades y respecto a la creciente inmigración y en una clara instrumentalización de la misma, ha dicho: “Es importante también, teniendo en cuenta la llegada y la presencia de estas personas entre nosotros, en nuestras comunidades, que seamos capaces de transmitir el amor por nuestra lengua, porque la tengan muy presente y, si puede ser, que la incorporen pronto a su día a día, sabiéndola hablar y sabiéndola escribir».
Y para ello añadió: “Para hacerlo posible nosotros, diáconos, presbíteros y obispos, tenemos que protegerla (la lengua), lo tenemos que mantener presente en nuestras celebraciones, en nuestros textos. En este sentido, y a modo de ejemplo, sería necesario poder disponer en catalán de un buen repositorio online de los principales textos de los documentos eclesiales y del Magisterio”.
Hay que recordar que el pasado mes de abril diversos medios de comunicación de Tarragona publicaban en portada titulares como este: “El Arzobispado de Tarragona pide perdón a las víctimas del franquismo. Así lo expresó públicamente el nuevo vicario general Joan Àguila Chavero, en nombre del arzobispo, el pasado 14 de abril (aniversario de la proclamación de la II República) rodeado de banderas republicanas, así como de diversos concejales y líderes locales del PSC, ERC , Podemos y Junts, en el homenaje anual a las víctimas de la represión franquista que se viene celebrando en el cementerio de Tarragona».
El vicario general, sin embargo evitó hacer la más mínima mención a los casi nueve mil asesinatos (de estos 2.437 religiosos y 4 obispos) que se produjeron en la Cataluña del Front Popular presidida por Lluís Companys. Solo en la Archidiócesis de Lérida fueron asesinados 270 clérigos y un obispo (un 65% del total), en la de Tortosa 316 religiosos (el 62%), dos de los porcentajes más altos de toda España y en la de Tarragona fueron asesinados 141 (el 32,4%). Igual piensan, como los izquierdistas y separatistas, que estos bien muertos están. Es decir, el Arzobispado pide perdón a los herederos de los verdugos de la propia Iglesia, a los que tenían como objetivo exterminar a la Iglesia y en esa tarea se emplearon a fondo, asesinando y destruyendo templos sin piedad.

El arzobispo de Tarragona
Por razones de espacio, daré solo unas pinceladas sobre la figura del actual Arzobispo de Tarragona y Primado de las Españas, Joan Planellas i Barnosell, y de su nuevo vicario general (segunda autoridad del Arzobispado), Joan Àguila Chavero.
Joan Planellas fue nombrado Arzobispo de Tarragona el 4 de mayo de 2019, siendo entonces Decano de la Facultad de Teología de Cataluña. Era considerado uno de los curas catalanes próximos al independentismo. En septiembre de 2015, tuvo su “momento de gloria” pues, siendo rector de varias pequeñas parroquias del Empordà, entre ellas la del pueblo de Jafre, permitió que ondeara una estelada del campanario de la iglesia y cumplió la orden de hacer sonar las campanas de la iglesia a las 17,14 h. tal como habían exigido las fuerzas políticas separatistas. Este hecho provocó la protesta pública de la familia del dramaturgo Albert Boadella que reside en dicho pueblo, según Dolors Caminal (esposa de Boadella) el clérigo, ante su protesta, les respondió: «He hecho lo que el pueblo me ha pedido. Y si no os gusta la bandera del campanario, vosotros podéis poner la bandera española en vuestro balcón».
Una manera de responder impropia para un pastor de la Iglesia católica y sobre todo una actitud nada neutral y de total sumisión a las fuerzas políticas secesionistas. Además nunca tuvo la más mínima empatía, ni levantó su voz, ante el acoso y los reiterados ataques (llenos de odio) que venía sufriendo la familia Boadella en el pueblo por parte de los más fanáticos separatistas.
Su nombramiento sorprendió en ciertos círculos eclesiásticos al no tener un previo «entrenamiento episcopal» en una diócesis más pequeña, como era lo habitual, En este sentido, en aquel momento había sonado con mucha fuerza el nombre del obispo de Barbastro, Don Ángel Pérez (que además habla perfectamente catalán). Pero estos rumores pusieron en pie de guerra a los escuálidos pero muy influyentes círculos católicos ”estelados”, que escandalizados ante esa posibilidad, pusieron el grito en en el cielo e incluso organizaron una concentración de rechazo en la explanada de la Catedral de Tarragona (con muy escasa asistencia), desplegando una pancarta con el viejo eslogan promovido por Jordi Pujol, de «Volem bisbes catalans!» en este caso podía leerse “Ni de Barbastre, ni valencians. Volem bons bisbes catalans!». Querían “un català de debò” (sólo les faltó decir de raza catalana).
En junio del año 2023, el obispo Planellas nombró para su cada vez más paupérrima diócesis a Joan Águila Chavero, como nuevo vicario general (con amplias funciones). Mosén, Àguila fue uno de los 400 sacerdotes catalanes que estampó su firma en el manifiesto independentista de septiembre de 2017. En una entrevista que le hizo “Flama” (Agència Cristiana de Notícies), poco después de ser nombrado vicario general, nos dejó algunas perlas muy clarificadoras.
El titular de la entrevista fue “L’Església també ha de reclamar drets com els que vol l’independentisme”. A la pregunta sobre si las misas deben ser siempre en catalán dirá: “Se tiene que procurar que la gente se sienta acogida e integrada con la lengua del país. En nuestro caso, el catalán. A este respecto quisiera recordar que el Sr. Águila, que según datos de la propia Generalitat el 53% de los catalanes tienen como lengua materna el castellano y el 31% el catalán, pero TODAS las publicaciones del Arzobispado, incluido el Full Dominical (Hoja Dominical), son exclusivamente en catalán.
Respecto a la pregunta «¿A usted y al arzobispo Joan Planellas se los ha colocado a menudo dentro del mismo saco de estar a favor del proceso independentista. Cómo se vive con esta etiqueta?». Dirá “es agotador. (…). Creo que la Iglesia se tiene que posicionar y yo no me puedo permitir el lujo de no levantar la voz para reclamar unos derechos como los que reclama, también, el movimiento independentista. Pienso que tengo todo el derecho de decirlo; también, porque la gente de nuestras parroquias que piensa así se pueda sentir representada por alguien, puesto que, si no, siempre se siente huérfano”.
La diócesis de Tarragona y el separatismo
Son muchas las parroquias que tanto en la diócesis de Tarragona como en las del resto de Cataluña, siguen en la actualidad exhibiendo símbolos y pancartas separatistas, como se muestra en la imagen adjunta , en el caso de las iglesias de Prades y Alforja. Por cierto, hace unos años el rector de la parroquia de Prades (también es rector de Uldemolins, Albarca y Capafonts), Joan Roig Montserrat, en una entrevista que le hizo la revista “Lo ViOlí “ dirá: «Deseo la independencia para mi país. ¿Quien no la quiere? Lo extraño sería que no la quisiéramos. Es un derecho que tenemos». Sobre el papel de la Iglesia en este proceso añadía: «La Iglesia puede expresar sus sentimientos y decir que el país se merece la independencia, ¡claro que sí!. Cada uno puede pensar lo que quiera, pero la Iglesia ha de tener una sensibilidad patriótica, de una Cataluña libre».
La Iglesia catalana ha sido y es, un importante instrumento de promoción del separatismo, lleva décadas predicando y exhibiendo, la ideología y la simbología independentista; hacen suyo el lema “una sola llengua i un sol poble” menospreciando a los fieles no nacionalistas castellanoparlantes “els altres catalans” que forman parte mayoritariamente de los sectores más pobres y humildes de la sociedad catalana, a los que parecen considerar de segunda categoría. Y se comporta en gran medida como algo ajeno a la Conferencia Episcopal Española (que, por cierto, prefiere mirar, ante todo esto, para otro lado).
Parecen olvidar que la Iglesia católica, ha hablado y habla eminentemente en español. No parece importarles que sus templos y sus seminarios se estén quedando prácticamente vacíos. El laicismo crece sin parar especialmente en Cataluña pues, son muchos los que han ido sustituyendo la fe en Dios por su fe en esa pseudo-religión que es el nacional-separatismo ( “El nacionalismo es una nueva forma de idolatría: la nación adora su propia imagen en vez de adorar a Dios” Vladimir Soloviev).
Pero, paradójicamente, se están viendo obligados a echar mano de nuevos sacerdotes hispanoamericanos o africanos. Cataluña es la región española con el menor número porcentual de católicos (siendo buena parte de los nuevos fieles de origen hispanoamericano) y de estos los que van a la iglesia cada semana no llegan al 7%, mientras un 53% de musulmanes (que en pocos años llegarán al millón de fieles en Cataluña) sí acude a la mezquita. También está a la cola entre los contribuyentes que marcan la ‘X’ de la iglesia en la casilla de la Renta. En fin… ¡Felicidades por su inestimable labor pastoral, Sr. Joan Planellas!
Salvador Caamaño Morado (autor del libro “Tarragona 1936. Terror en la retaguardia”)
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