Barcelona va a ser este 12 de octubre, en una fecha única, la capital de toda la Hispanidad y la ciudad que abandere la lucha por Ceuta, con una gran marcha en defensa de todos los ceutíes, que están sufriendo una invasión ante la que el Gobierno mantiene una actitud de absoluta complicidad.
Es imposible que pueda existir en una nación un jefe de Gobierno que calle ante la gravísima circunstancia que lo señala como ese número uno de una cadena de trama oscura que quería dar un susto o, más bien, eliminar a la juez que ha juzgado a su hermano. No desmiente tajantemente esta acción criminal, que lo pone en la picota; tampoco la denuncia —¿cómo es ello posible?—, pero tampoco se querella de inmediato, como sería lo automático que habría que hacer contra quien puede atribuirle esa responsabilidad de ser el número uno. Además, ya es conocedor de la muy posible imputación de su partido por financiación ilegal, siendo él el máximo responsable de todo lo anterior dentro de la formación. Es de una gravedad extrema todo esto.
Es inasumible que un primer ministro europeo diga que «cuando el Congreso da la espalda a lo que se vive en la calle, al sentir de los ciudadanos, el Gobierno no va a mirar a otro lado…» y, para no aburrirse, convoque elecciones para, de inmediato y en funciones, volver a la aprobación de decretos rechazados horas antes en el Congreso. Un auténtico fraude y un ejercicio perversamente antidemocrático. Además, esos decretos se han elaborado en cuestión de horas, sin ninguna consulta a expertos y menos aún a la oposición, y se basan únicamente en un desahucio plenamente legal, absolutamente instrumentalizado y en el que la propia persona desahuciada había declarado que «la culpa de su situación es de Sánchez».
El presidente del Gobierno captura la buena fe de la persona desahuciada y suplanta delictivamente su personalidad en público. Por cierto, ni siquiera le contesta a una carta que ella le dirigió hace un año. La manipula para dar cancha a un sindicato abducido y se atreve a promover la toma de Sol, manifestaciones y una huelga general de los sindicatos —¡contra la oposición!—, sin haberlo hecho durante ocho años, a pesar de haber tenido mil motivos para ello. Todo bajo la excusa del mismo desahucio y en plena campaña electoral, con el exclusivo objetivo de manipular a los españoles.
Hace dos días dice que «siente la muerte de Mari Carmen como propia»… ¿Cómo se puede tener tal vergüenza y desfachatez, nombrando en vano a una señora que acaba de morir, a la que nunca hizo caso y a la que utiliza sin su consentimiento en flagrante delito antes de morir y de nuevo esta semana, tras su fallecimiento? ¿Cómo es posible tener esta vileza cuando su íntimo amigo, responsable de Vivienda, gasta 75.000 euros en viajes en año y medio y, en ocho años, han prometido cientos de miles de viviendas, pero nunca han cumplido ni han entregado viviendas de verdad? Se trata de un asunto capital, en gran medida también para evitar los desahucios, mientras sus socios de Gobierno decían ayer en la Asamblea de Madrid que van a arrasar las calles de Madrid.
Un presidente del Gobierno en clara posición revolucionaria y de ataque frontal al Estado de derecho y a los principios democráticos más fundamentales. Un presidente del Gobierno que, eso sí, desahucia sin una ley que lo permita a 82.000 ceutíes, conoce la invasión, la ampara, la auspicia y la mantiene con 15.000 invasores, cercando y asediando la seguridad, la salud, la escolaridad, la economía, el descanso y la libertad de todos los ceutíes.
Por eso, los catalanes y el resto de los españoles nos manifestamos el 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional de España y de la Hispanidad, en Barcelona, a las doce de la mañana, por encima de ideologías, en defensa de Ceuta y de toda España. En defensa, desde Cataluña, de la libertad de los ceutíes y de su dignidad, así como de la de todos los españoles. Los catalanes, con un ejemplo modélico, toman la vanguardia de la unidad y de la defensa de las fronteras de España, abrazando a los héroes y hermanos ceutíes, que están sufriendo en primera línea la invasión de España.
Amalio de Marichalar. Conde de Ripalda. Soria, 9 de octubre de 2026
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