Sembrando vientos se recogen tempestades. Un análisis de Teresa Freixes sobre las consecuencias de no respetar la ley

Cuando se empieza por confrontar democracia con ley y justificar la desobediencia a los jueces en ámbitos determinados, el polvorín puede extenderse en un plis plas. La historia de Barcelona está llena de este tipo de ejemplos, desde finales del siglo XIX.

Ahora son los taxistas, que no acatan la resolución del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Antes se justificaba, por parte de una alta autoridad, nada menos que la alcaldesa de Barcelona, desobedecer las leyes que ella no considerase justas.

La Generalitat y el secesionismo justifican la desobediencia al Tribunal Constitucional y critican la “judicialización de la política” como si no existiera la división de poderes.

Todo esto, que se fraguaba desde “las élites” ya ha ido llegando a la calle. No importa en qué forma, desde los CDR hasta los piquetes en una huelga. Todo vale para conseguir lo que algunos quieren.

La ley, los jueces, no tienen valor en esta sociedad que algunos están creando y que se abre paso más rápido incluso de lo que muchos pensaron.

El caos nos va a envolver porque se han perdido los valores. No hay democracia sin ley ni ley sin democracia. Y sin respeto a las resoluciones judiciales estamos en el “far west”. Hace mucho que lo vengo advirtiendo.


 

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