¡Qué difícil se está poniendo lo de ser mujer en una España donde sus dirigentes políticos nos quieren sometidas y borradas! Lejos quedan aquellos tiempos de Mary Wollstronecraft o Betty Friedan, feministas de un activismo incansable en favor de la igualdad de derechos entre ambos sexos donde se consiguieron equiparar los jurídicos (sufragios, divorcios, herencias), educativos y laborales y sirvieron de espejo a Occidente. Aquel movimiento, que debió continuar defendiendo, por ejemplo, cuestiones referentes a la maternidad, ya que no podemos obviar la conexión que tenemos las mujeres con la naturaleza y la vida, murió en los años 80.
A partir de aquí nace otra cosa. Nace una corriente ideológica basada en la idea de que el hombre es el enemigo de la mujer. Tan simple y tan simplista. Un relato que nos dibuja como seres inferiores, incapaces de alcanzar nuestros objetivos resultado de vivir esclavizadas al “heteropatriarcado” machista y es por ello que el poder pone a nuestro servicio todo un surtido de políticas y leyes, a pesar de atentar contra los derechos de igualdad y la presunción de inocencia del hombre, para alcanzar, lo que ellas denominan, la “plena equidad” y para someternos a su obediencia.
Comienza con ello, como todo totalitarismo que se precie y siguiendo los pasos de Marx y su “lucha de clases”, la confrontación por razón de sexo. Esta ideología cuenta con toda una red de ingeniería social y mediática, multimillonariamente subvencionada, que va desde la enseñanza hasta los campos de fútbol para que el relato penetre profundamente y llegue a tu neocórtex.
Y vamos a España. Los españoles somos los únicos ciudadanos del mundo que sufrimos un Ministerio de Igualdad que regamos con más de 20 mil millones de euros de fondos públicos y que únicamente sirve para engordar las cuentas corrientes de las parásitas que lo regentan, acrecentar los delitos contra las mujeres y dejar en libertad a depredadores sexuales. Desde que existe este chiringuito no han dejado de aumentar las violaciones, los delitos contra la libertad sexual y la violencia de género que, recuerden, es la ejercida por el hombre (cónyuge, pareja, ex pareja, etc) sobre la mujer y que en ningún caso contempla la violencia entre parejas del mismo sexo o la intrafamiliar, pero ¿cómo puede ser? Fácil.
Vayamos a la modificación de la Ley Orgánica 1/2004 acordada en el Pleno de la Sectorial de Igualdad en su reunión de 11 de noviembre de 2021 que dice que se consideran víctimas de violencia de género aquellas mujeres que se encuentren en proceso de toma de decisión de denunciar, aquellas que han interpuesto denuncia y el procedimiento judicial haya quedado archivado o sobreseído y aquellas que han interpuesto denuncia y el procedimiento penal esté instruyéndose. Es decir, se considera víctima a cualquier mujer y maltratador a cualquier hombre, así los datos de la VIOGEN nunca dejan de crecer para que creas que cada vez es más necesario el ministerio misándrico.
Pero hay más. Veamos qué ocurre con la ya famosa ley del “sólo sí es sí” aprobada contra los criterios de los juristas que ya advirtieron de la perversión de la misma. La Ley Orgánica 10/2022 de Garantía Integral de Libertad Sexual unifica los delitos de abuso y agresión en un tipo delictivo, es decir, se rebajan las penas a violadores, pederastas y agresores sexuales que no han dudado en solicitar revisiones de sus sentencias. Mientras escribo estas líneas, más de 1.500 depredadores sexuales se han visto privilegiados por la ley estrella de Igualdad. Hace unos días conocíamos el primer caso de un violador excarcelado reincidente que agredió e intentó violar a una mujer de 50 años en Dos Hermanas, Sevilla.
Pero ahora viene lo mejor. ¿Recuerdan la famosa manada de Pamplona? La única de la que ha hablado Irene Montero, la única por la que se han manifestado las del “hermana yo sí te creo”, la que ha abierto tertulias durante meses, que ha copado portadas y a la que sí se han atrevido a poner caras, nombres y apellidos los grandes medios nacionales. Lo recuerdan, ¿verdad? Pues el Tribunal Superior de Navarra ha rebajado un año la pena a uno de sus miembros en aplicación de la ley de Irene Montero. Es decir, las mismas que pusieron el grito en el cielo con la sentencia por parecerles insuficiente, se convierten hoy en sus mayores defensoras. ¿Habrán concentraciones masivas para exigir la dimisión de las promotoras de esta ley infame o continuarán hablando de la existencia de “jueces machistas”?
Llegados a este sinsentido es momento de aportar una visión diferente al feminismo misándrico para evitar la suplantación de nuestro juicio crítico por su ideología. Es momento de fomentar la convivencia dentro de nuestras diferencias para restablecer las relaciones sanas entre ambos sexos.
Alicia Tomás, Concejal de Vox en el Ayuntamiento de Terrassa
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