Por así decir

El pensar, con su lógica de conexiones sintácticas, exige concentración y esfuerzo. En un mundo de agitadas y absorbentes trivialidades, controlar la atención y someterla a lenta crepitación, la que acompaña a la reflexión, produce fatiga. De vez en cuando necesitamos dejar libre el pensamiento para que piense y diga lo que quiera.

Es una forma de terapia ante el exceso de incitaciones, agresiones y provocaciones que pueden acabar aturdiendo y paralizando a la propia mente. Es el caso de los acontecimientos de estos últimos días, que no postreros. Por eso, digámoslo así, o por así decir, aunque bien podría ser de otro modo:

El separatismo (el nacional-catalanismo-parafascista) es, en su entraña (que ya intuyó Valle-Inclán, era la más negra de España) racismo puro y sin atributos (los ejemplares de superhombre y supermujer catalanes relumbran en los cuerpos garridos de los Turules y Junqueras, las Forcarelas y Roviras, por no hablar de los Ortuzar Arruabarrena).

Pero ahí están, y hasta se citan con el presidente del Gobierno para hablar en pie de igualdad. ¿Para cuándo una enciclopedia del racismo vasco y catalán? Tendría que estudiarse en las escuelas de Cataluña y el País Vasco para evitar el contagio.

Pero la reforma constitucional es urgente, ha dicho (por así decir) Maritxell Batet, que tiene apellido de grato recuerdo, pero que se proclama, como Sánchez, plurinacionalista, que es lo más adecuado para descabezar al monstruo racista nombrado en el párrafo anterior. Todo su bagaje mental debe de ser eso de que, para hacer una tortilla, es necesario romper los huevos.

Pues ahí estamos, guiados por tan luminoso faro: necesitamos tener claro contra qué hemos de empotrar la nave. Que ya dijo el obispo Torras i Bages que a Cataluña la hizo Dios, y no los hombres, y Mosén Verdaguer añadió, en consecuencia, que el catalán era obra directa de Dios. En catalán nos lo contará y cantará Maritxell, con Borrell dirigiendo el coro (¡ay, Maruzzella Maruzze, tus ojos son de verde mar!, que le cantaría aquel otro José Guardiola…)

Y yo les resumo, por si todavía quiere alguno enterarse, cómo ha ido la cosa catalana, al menos para que me entiendan un poco. Por etapas: catalanismo (no nos comprenden), nacionalismo (no nos quieren), independentismo (nos roban) separatismo (nos oprimen), golpe de estado (quieren destruirnos). O de cómo es posible que los oprimidos opriman tan brutalmente a los opresores.

Porque, ¿quién manda hoy en Cataluña? ¿Quién tiene el poder y el dinero? ¿Se lo cuentan así los del PSC a sus todavía seguidores, aunque escasos, currantes charnegos y sin patria?

Los virus son casi indestructibles, pero necesitan un cuerpo en el que instalarse para sobrevivir. ¡Ah, y ahí llegó la izquierda, la dizque izquierda, la más obtusa y reaccionaria de nuestra historia, que le prestó el cuerpo al nacionalismo, todo su sistema linfático al servicio de la causa incausada de la identidad, la vasca, la catalana, la gallega (hasta Feijoo se ha hecho transfusiones) y le siguen ya la andaluza y todas las que se apuntan a la tarantela plurinacional.

Pero va a ser que no, porque las piedras no hablan, ni siquiera las rocas de Montserrat hablan catalán, que yo he estado allí y he pegado bien el oído. No, las lenguas no emanan de la tierra, ni siquiera la vasca; ni las identidades, ni los pueblos, ni la sangre pura corre por los arroyos de la patria ni baja de las cumbres para regar los campos de los que hemos de expulsar al enemigo.

Que a la Virgen de Montserrat, por lo que he leído, la amamantaron durante tres siglos monjes vallisoletanos y si así no fuera, el monasterio hoy sería una ruina, y la montaña sagrada un montón de pedruscos. No, la lengua no es el alma del pueblo, porque el pueblo no tiene alma, no tiene alma metafísica, sino historia. Y la historia es lo que ha sido y fue, no lo que los nacionalfascistas se inventan a su antojo e interés.

Pedro Insua lo ha explicado muy bien (ver “1492, España contra sus fantasmas”). Fuimos un imperio generador y genitivo que engendró 23 naciones, entre ellas la nación española, nación histórica y política y democrática hoy, con la misma o mayor legitimidad que cualquier otra de Europa y el mundo, y que eso no lo vamos a cambiar por más reformas pedristas (y pedruscas) nos impongan.

Y que esa reforma criptoindependentista, en el mejor de los casos, no podrá ser posible por falta de acuerdo, o, si lo fuere, saltará por los aires. Aviso para los suicidas, incluidos los de la COE, y el Círculo de Economía y todos esos empresarios apoltronados que creen que su negocio está por encima del bien y el mal nacionalista.

Es un decir, un por así decir.

Por Santiago Trancón Pérez


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